martes, 24 de diciembre de 2013

Música y reorganización cerebral (II): Back to the future 2014

El “efecto Mozart”, o cualquiera otra que sea la música que usemos para estimular a un humano nonato, se basa en un principio que resulta ciertamente sorprendente: La única vía de comunicación con el exterior que tiene un feto es su sentido del oído. Como la Naturaleza es sabia, ya en el quinto mes de gestación, empieza a reaccionar a los estímulos sonoros, aunque es lógicamente en los primeros meses de vida cuando se consolidan todas las prestaciones del oído. 

Este sentido ha tenido una función imprescindible de supervivencia en nuestra especie. Al igual que otros mamíferos, el oído nos ha servido durante miles de años para cazar y evitar ser cazados. Lo maravillosamente increíble de este sentido es que, en nuestra especie, desempeña una función adicional única en el reino animal. Y es increíble porque desde un punto de vista de supervivencia evolutiva no sirve absolutamente para nada. Su único propósito es la comunicación de emociones y la gratificación cerebral. Nuestra especie podría haber sobrevivido sin esta competencia, pero ya no seríamos seres humanos, seríamos otra cosa. Me refiero, lógicamente, a la música.

En este sentido, la música de Mozart siempre se ha considerado especialmente propicia para estimular las conexiones neuronales del bebé y en las tiendas pre-mamá es habitual encontrar cedés de este gigante de la música clásica específicamente dirigidos a nuestra embrionaria audiencia. No obstante, un estudio realizado por la Universidad de Viena sostiene que es falso que potencie la inteligencia, aunque sí existen indicios de que mejora la concentración y estimula algunas áreas del cerebro relacionadas con la creatividad como ya explicamos en la entrada anterior.
Concentración?,…Creatividad?,….de acuerdo, me vale.

Así que cuando mi hija tenía momentos de agitación en el vientre de su madre, decidí apoyar suavemente la caja de mi guitarra acústica en la tripa de ésta y tocar una canción de Paul McCartney: I Will. La canción que, por otra parte, en los primeros años de su vida, resultó ser su relajante nana preferida. Este bienaventurado recurso lo denominé “efecto McCartney”.
La elección no fue difícil porque, …de qué otra forma se puede expresar con sólo dos palabras lo que básicamente representa un embrión, esto es, el FUTURO. I Will. …Además, de qué otra forma se puede expresar con más diáfana simpleza lo que inspira un hijo. Love you forever and forever, love you with all my heart.


Paul con su hija Mary en la portada de McCartney


Y, por fin, en las fechas que estamos, de qué otra forma se puede resumir con más firmeza que, en el 2014, la felicidad no debe ser un anhelado destino sino una actitud. 
Efectivamente: I WILL!!

En la próxima entrega, como no podía ser de otra forma, y si se superan los problemas técnicos:
I Will:...The cover.


El que firma con mi hija



sábado, 21 de diciembre de 2013

Música y reorganización cerebral (I): El "efecto McCartney".

Soy una de esas personas que cree que la música tiene un enorme poder. Carlos Santana también ha defendido en diversas ocasiones que la música es un arma muy eficaz para, en alguna medida, poder cambiar el mundo. Como dijo un poeta cuyo nombre no puedo acordarme, “llega más adentro que las balas y no mata a nadie”.

Sin duda ese cambio a escala global solo será posible a través de pequeños pasos locales, aparentemente banales. Como esa historia que relata la película “La Misión” que comienza junto a las cataratas del Iguazú donde el misionero jesuita el padre Gabriel (Jeremy Irons) se adentra en la selva llevando consigo únicamente dos cosas: Una Biblia y un oboe. En su primer contacto con los indios guaraníes,- y para evitar ser flecheado,- entre ambos enseres prefiere recurrir al Oboe.



Y es que la música es única entre todas las artes en el sentido de que puede ser completamente abstracta y profundamente emocional. La experimentas, y ya no existe. No tiene la capacidad de representar nada en concreto pero sí la tiene para expresar sensaciones y sentimientos.


En este nivel, de orden más intrapsíquico, también me apasionan los estudios sobre música y arquitectura cerebral. Existe evidencia empírica que demuestra que los niños que empiezan a tocar un instrumento, comparados con los que no reciben entrenamiento musical, tienen mejores rendimientos en tareas de control fino y un mayor volumen de materia gris tanto en la corteza sensorio motora como en el lóbulo occipital bilateral. Con esta literatura entre manos es difícil no recordar el llamado “Efecto Mozart” que, en todo caso, cuando mi hija era solo un embrión, yo transformé en el “Efecto McCartney”. Y que si les parece oportuno, lo explicaré muy pronto.





domingo, 15 de diciembre de 2013

John Lennon: Un hombre sentado al piano

Después de que en la entrada anterior nos ocupáramos de Free as a bird, me he dado cuenta que la imagen de la carrera en solitario de John Lennon es la de un hombre sentado al piano (de no importa qué viejo café).  Y por si hubiera alguna duda, el vídeo de Real Love nos presenta la muy explícita imagen de un piano que se eleva ingrávido sobre los edificios.  John Lennon al piano es, en fin, una imagen que resultará muy familiar al público en general que inmediatamente la vincularán con el vídeo de Imagine.

Esta imagen de John sentado al piano en realidad contrasta con la relación que tuvo con los teclados durante su época beatle. Desde luego hubo un puñado de canciones en la que se ocupó de una gran variedad de estos instrumentos (Órgano hammond, mellotrón, clavicordio, armonio, etc.) estando especialmente inspirado con el piano en temas como Hey Bulldog o Cry baby cry, entre otros. No hubo piano en la casa de infancia de Lennon, así que el primero que debió empezar a martillear probablemente fue el que había en el club Jacaranda, propiedad de Allan Williams, primer manager de los Beatles. Y es que los Fab four aprendieron solos a tocar y siendo indiscutible la ventaja de Paul y George en estas competencias, es lógico que John se ocupara básicamente de la guitarra rítmica. Y con este instrumento, desde mi personal visión, hay dos etapas claramente diferenciadas (que sin duda podríamos desglosar en una pormenorizada casuística) caracterizadas por dos imágenes algo distantes en el tiempo. La primera es John Lennon con una guitarra acústica y una armónica (en el caso de Beatles For Sale no la suelta en casi toda la grabación) y la segunda es con su elegante Epiphone Casino que populariza en el concierto de la azotea.






La cuestión es que, tras la separación de los Beatles, en muchos de los vídeos de grabaciones en estudio, y abandonando el mundo de las seis cuerdas, Lennon aparece tocando el piano, lo que me lleva a pensar que, como es habitual en los autodidactas, compone con el instrumento que finalmente usa en la pista base (en realidad esta teoría me la acabo de inventar). Pero es lo que debió ocurrir con todas las canciones citadas al principio. En concreto Imagine la compuso en un piano Steinway de pared modelo Z que hace unos años adquirió en subasta el cantante George Michael. (destino inmerecido,....el del teclado). Este piano no es, en todo caso el modelo de cola que aparece en el vídeo que, probablemente conserve todavía Yoko Ono en su apartamento del Dakota.

Si alguien desea este último modelo debe saber que la marca Steinway presentó hace unos años en edición limitada un piano en conmemoración del 70 aniversario del nacimiento del “legendario músico”.

Yo no se tocar el piano, así que…para qué. 






lunes, 9 de diciembre de 2013

Free as a bird: Lennon in memoriam

Una de las canciones que llegaría a estar entre mis favoritas de los Beatles la compuso John Lennon en su apartamento del Dakota en torno a 1977.
Este milagro, no solo técnico, fue posible cuando, en el marco del proyecto Anthology, Paul le pidió a Yoko Ono material inédito de John Lennon. Yoko le entregó una cassette con varias canciones entre las que se encontraba Free as a Bird.

Y digo que el milagro fue no solo técnico toda vez que, a priori, no parecía una empresa precisamente  fácil el hecho de que Paul, George y Ringo completarán juntos el esbozo que dejó Lennon. De hecho, y cruzando testimonios varios, los tres compartieron el temor de que aquello podría haber terminado sin ningún resultado en apenas el primer encuentro. Supongo que todos cedieron en algún momento. De hecho, a la hora de transigir, tengo la hipótesis de que fue Paul, siempre tan directivoquien hizo un mayor esfuerzo en virtud de cierta autoridad moral que atesoraba George después del ninguneo que soportó en la era beatle. La bronca por el punteo de Let it Be era, por poner un ejemplo conocido por todos, un guión imposible en este proyecto.
  
La primera dilación fue provocada por Ringo, que retrasó la primera sesión de grabación porque estaba esquiando. Pero aquí se acabaron los problemas con Ringo Starr que grabó su pista de batería y dejó la canción totalmente en manos de los otros Beatles. Para la producción, George “impuso” (probablemente sin comillas) a Jeff Lynne, con quien ya había hecho varios trabajos, además del proyecto Traveling Wilburys. Esto implicó generar una cierta tensión inicial sobre el procedimiento para tomar decisiones. En todo caso, si esto supuso un problema para Paul, debió cambiar pronto de opinión sobre las competencias de Lynne ya que algún tiempo después contó con él para producir su álbum Flaming Pie.

Una vez iniciadas las sesiones, otra de las reticencias de Paul era la maravillosa guitarra slide que graba George para la canción.  Lleva la indeleble “firma” de Harrison, y Paul temía que la canción acabara sonando a “My Sweet Lord”. Claro que, por otra parte, la estrofa que canta Paul es inequívocamente “McCartney”, así que al final todo el mundo estuvo contento con la suma de las partes. El puzzle que salió a la venta en diciembre de 1995, no es una canción con las sinergias Lennon/McCartney de otro tiempo pero, a pesar de todo, acabó sonando a los Beatles. Al menos era, por fin, algo "nuevo" (aunque lleve comillas) del mejor grupo del mundo.


Donde quiera que estés, gracias John por no borrar aquella cinta. 


Paul, Ringo y George con Jeff Lynne

viernes, 29 de noviembre de 2013

La Guía Definitiva: Una experiencia interbloggera

CÉSAR: Vaya detallazo amigos que tuvo Miguel regalándonos un ejemplar a cada uno de la obra "The Beatles, la guía definitiva". Después de tanta prosa sobre el tema, es bienvenida una guía tan exhaustiva, sin literatura, sobre todo aquello que, desde un punto de vista técnico y curricular, hay que saber de los Beatles. Un auténtico manual de uso para comprobar qué modelo de guitarra se usó en aquel álbum, en qué fecha se grabó aquella canción o quién cantó en sus coros. Debemos confesarlo,.. es la obra perfecta para estudiosos obsesivos compulsivos como nosotros. ¿No es así, PPK?.

PPKSí, gracias desde luego a Miguel por el detalle de mandárnoslo, pero también  al autor, José Luis Gilsanz, por la dedicatoria. El libro pasa por ser una Biblia llena de datos donde es muy fácil encontrar cualquier detalle. Todo perfectamente ordenado y recopilando una cantidad ingente de información que ya estaba publicada, pero que ahora, gracias a la meticulosa labor de su autor está a disposición de cualquier estudioso del cuarteto. Es muy meritorio que, entre tanto dato, apenas se deslicen un par de erratas o contradicciones (la fecha en que se grabó el primer disco de los Quarrymen y el número de actuaciones en el Cavern). 

Por lo demás, y por poner una pega medio en broma, le faltaría un apéndice de los personajes no ya secundarios, sino accidentales, para que fuese completamente definitiva. Por ejemplo: el nombre del policía que desenchufa los amplificadores en el concierto de la azotea, el señor que aparece en la lejanía en la acera derecha de la foto de Abbey Road... No sé, cosas así ¿no Fer?


FER: Así es, creo que preparan una segunda edición con nuestras sugerencias. Ahora, efectivamente, ha llegado a nuestras manos lo ultimísimo sobre los Beatles, y todo gracias como decís a nuestro amigo Miguel. Se había advertido del lanzamiento. Se había hablado de Ian MacDonald, Mark Lewishon, de Hunter Davis y de otros especialistas mundiales en Beatles para tan magna obra. Pero no, no han sido ellos.
Bromas aparte. El responsable es, como apuntabas, el segoviano José Luis Gilsanz, que ha limpiado de polvo y paja todo lo habido y por haber sobre los chicos de Liverpool y muestra simple y llanamente una obra basada en los datos. Y como decía César, ya no hay que andar buscando en cientos de libros para encontrar una determinada fecha, saber qué instrumentos tocaron en tal o cual disco o qué canción propia o ajena interpretaron y en qué momento de su carrera... Hablamos por tanto de la madre de todas las guías.
En definitiva, agradecer al autor su obra, muy interesante, y al mensajero su envío, un regalazo. Un disfrute para los que somos, no solo fans, sino estudiosos del mejor grupo del mundo.



domingo, 24 de noviembre de 2013

Queenie Eye: Paul McCartney TOTAL

Probablemente Paul Epworth, músico, productor y compositor, estaba destinado a ser un completo desconocido para mí. Una relación sometida a una completa simetría ya que él nunca va a tener la menor idea de quién soy yo. La cantautora británica Adele, sin embargo, contribuyó a romper esa simetría porque alguno de sus éxitos, sobre todo Skyfall, el tema de una película de Bond, James Bond, propició que Paul Epworth ascendiera de escalón para pasar a ser uno de esos nombres que me pueden llegar a sonar en los créditos.

Paul McCartney ha conseguido en NEW, su último trabajo, que Paul Epworth me resulte increíblemente interesante aunque el siga sin tener ni idea de quién soy yo: Asimetría total.
Es uno de los productores que ha reclutado Paul para este álbum en el que, desde mi subjetiva experiencia, tiene en Queenie Eye su mejor canción (al menos mientras escribo estas líneas la noche del 23 de noviembre). Cómo no iban a apuntarse al video oficial Johnny Deep, Sean Penn, Meryl Streep, Jeremy Irons o Jude Law. Sí, por fin, he vuelto a emocionarme con Paul McCartney aunque vuelve a usar en esta canción el mismo recurso D - Dmaj7 - D7 que ya utilizó en Maybe I´m amazed y con anterioridad en Mother Nature´s Son aunque esta vez dispuestos en un ritmo que nos recuerda al Summer in the City de la versión de Joe Cocker. A veces innovar consiste en poner las piezas existentes de otra forma y obtener un resultado inesperado.

Como decía a unos amigos, alguno de ellos muy escépticos con NEW,  no fue en la primera audición. No fue un amor a primera vista. Pero ahora Queenie eye ha pasado a formar parte del repertorio anímico de mi memoria musical. Ha pasado a formar parte de esas canciones que quiero tocar yo mismo cuando me apetece experimentar sentimientos que solo la música es capaz de activar. Este tema, que evoca uno de los juegos de la callejera infancia de Paul,… de aquella época en la que los niños y niñas jugaban en la calle, está escrito e interpretado por el propio McCartney y el otro Paul:


Epworth es coautor, productor y toca la batería, mientras que McCartney, cómo no, hace el resto: voces, guitarras, bajo, teclados varios y pandereta. Paul McCartney TOTAL.




sábado, 16 de noviembre de 2013

McCartney & Harrison Duo

Todos los estudiosos seguidores de los Beatles reconocemos el 6 de julio de 1957 como una fecha histórica. En otras ocasiones ya hemos hablado de esa fecha que nos ha endeudado para la eternidad con Ivan Vaughan. El momento es tan crucial que en las recurrentes fantasías que me asaltan con la posibilidad de hacer planes con una hipotética máquina del tiempo, es uno de los que no quisiera perderme. Mirar desde una esquina de The Cavern el momento en el que Brian Epstein va a curiosear a ese grupo del que todo el mundo habla es otra de mis fantasías cuando recuerdo a Rod Taylor en la película "El tiempo en sus manos".

Pero hay más momentos realmente trascendentes. Por supuesto que los podría encontrar fuera de Liverpool y en otras épocas (lo que daría por haber conocido a Miguel Servet, Woody Guthrie, Cleopatra o qué se yo), pero acotando el viaje a coordenadas estrictamente beatle, habría que introducir en la máquina del tiempo el 6 de febrero de 1958. Paul McCartney ya tocaba con John Lennon en los Quarry Men cuando en la fecha en cuestión le presentó a un George Harrison de solo 14 años. John Lennon, como era previsible, no mostró en un principio demasiado entusiasmo. 

Así las cosas, según recoge la biografía de Harrison de Tarazona & Gil, tras un concierto  en marzo del 58 de Buddy Holly y los Crickets, Paul le propone a George escribir canciones juntos. Después de varios temas compuestos por ambos y perdidos para siempre,- pero que yo hubiera registrado con una grabadora digital desde mi máquina del tiempo,- llegaron incluso a contemplar la posibilidad de formar un dúo, al estilo de los Everly Brothers. Este proyecto no prosperó porque, finalmente, ese mismo verano del 58, Harrison fue admitido en los Quarry Men, y no solo por su indudable pericia con la guitarra. Había hecho un curso de aprendiz de electricista que Lennon consideró que sería muy útil  para el mantenimiento del penoso equipo de la banda.   

La pregunta a la que no consigo dar respuesta es porque, durante la época de los Beatles, McCartney & Harrison no firmaron nada juntos, siquiera sea desempolvando aquellas canciones del 58.






domingo, 10 de noviembre de 2013

Happiness is a warm guitar

El nacimiento habitual de un tema de los Beatles, sobre todo en las primeras épocas, pasaba por su presentación a los demás miembros de la banda, en el estudio o en la casa de alguno de ellos,- generalmente en la de Paul,- con una guitarra acústica. También lo habitual es que, a la hora de componer, fuera con una guitarra acústica como se concibiera el ADN de la canción.
Así, guitarra acústica en ristre, inventó John Lennon, Strawberry Fields Forever en la Villa de Santa Isabel, Almería, en los descansos del rodaje de How I won the war. Estas versiones embrionarias de las canciones se han publicado en algunas recopilaciones oficiales y extraoficiales de los Beatles gracias a las cuales hemos podido conocer su apariencia más desnuda y, en muchos casos, descifrar los matices emocionales previos a las labores de post-producción.

Por mi parte, al margen de incursiones muy esporádicas con mis guitarras eléctricas, mí tiempo musical transcurre fundamentalmente con una guitarra acústica explorando una y otra vez, la mejor forma de tocar todo el repertorio beatle.


Estos días, el protagonista es el álbum recopilatorio de John Lennon publicado en 2004 que lleva por título Acoustic. Buena parte de los cortes son grabaciones caseras interpretadas con guitarra acústica. Para tocar y jugar (play en todo caso) con este disco, me acompaño de mi reciente adquisición: Una Dobro, el ave Fenix de las guitarras, marca Gretsch G9200 10 Boxcar que, como ya anuncié, en una entrada anterior, era mi particular objeto de deseo. Y aunque sea cierto aquello de que la felicidad no es un destino, sino una actitud, con una guitarra resonadora la predisposición es sin duda mayor.


Carátula trasera de Acoustic

Mi flamante Gretsch G9200 10 Boxcar

sábado, 2 de noviembre de 2013

Revolver John Lennon con David Bowie

Para Revolver los Beatles con David Bowie lo mejor es hacer una visita a esta exposición de la National Portarit Gallery que lleva por título Beatles to Bowie, the 60´s exposed. Pero en esta entrada nos vamos a centrar, fundamentalmente, en revolver a John Lennon con el camaleón del Pop.

Esta historia tiene sus orígenes un 23 de febrero que, cronológicamente, debemos situarlo en el ya tratado fin de semana perdido de Lennon. Así pues, además de a un golpe de Estado, esta fecha la podemos asociar al día de 1974 en el que, en una fiesta del fotógrafo Terry O´Neill en Los Ángeles a la que acuden Jonh Lennon y May Pang, Elizaebth Taylor les presenta a David Bowie en su época Thin white duke. Con estos antecedentes en los que hubo mutua atracción, el 16 de enero de 1975, Bowie se pone en contacto con Lennon para pedirle que intervenga en su versión de Across the Universe que aparecerá en su álbum Young Americans. A mi juicio, una de las mejores versiones de un tema de los Beatles jamás grabada. John accede y toca la guitarra junto con Carlos Alomar, un gran músico y guitarrista puertorriqueño y habitual en los trabajos de Bowie. La química entre los tres era evidente y, en el mismo estudio, componen Fame que llegaría a ser nº 1 en Estados Unidos. Por otra parte, este tema, tiene el valor histórico de que se trata la última colaboración que realiza John Lennon para otro intérprete en un sencillo.

Desde mi personal punto de vista, David Bowie es autor de alguno de los mejores álbumes de la historia del pop. También de los peores. Pero entre aquellos, me gustaría destacar los sublimes Ziggy Sturdust y Hunky Dory. Este último álbum fue producido por Ken Scott, ingeniero de sonido en muchos temas de los Beatles en el periodo del disco Blanco. En uno de sus temas, Life on Mars, Bowie recuerda melancólico a John Lennon.

It's on Amerikas tortured brow
That Mickey Mouse has grown up a cow
Now the workers have struck for fame
'Cause Lennon's on sale again…





Explorando las virtudes de la publicidad subliminal 

sábado, 26 de octubre de 2013

El Disco Blanco de George Harrison

Harto de quedarme cada Domingo sin el CD de los Beatles que venden con EL PAIS porque nunca llego a tiempo, hoy he probado a ir la víspera. Quizás resulte difícil de entender para personas ajenas a este tinglado que teniendo ya TODO lo de este grupo y en todos los formatos, uno pueda llegar a fantasear con la posibilidad de asaltar el furgón de los periódicos para hacerse con el botín. En realidad no ha sido necesario. Efectivamente, el quiosquero no ha entendido lo que solo pretendía ser una ironía cuando le he indicado que esta vez esperaba haber llegado a tiempo con 24 horas de antelación toda vez que, para mi sorpresa, el CD del Domingo ya lo tenían el sábado por la mañana.

Bien, es muy simple, estos CD´s los quiero para el coche, el reproductor de MP4 es para cuando voy andando al trabajo, el CD doméstico es para ponerlos mientras plancho o toco con ellos y los vinilos son para cuando estudio. No para cuando estudio otra cosa, sino para cuando les estudio a ellos. Es una afición surgida a raíz de la lectura de las memorias del ingeniero de sonido Geoff Emerick y sus indicaciones sobre los sonidos ocultos de las grabaciones en vinilo.

El caso es que este Domingo tocaba el Disco Blanco, lo que me ha llevado a reflexionar una vez más sobre el viaje a la India y sobre el papel de George Harrison en el grupo. Es mientras su estancia en este país que sale al mercado el sencillo Lady Madonna, en cuya cara B se encontraba “The Inner Light”, la primera aparición de George en este formato.  Como nos recuerda Swann el punto de partida de esta composición es un verso del poema Tao Te Ching según aparece traducido al inglés en Lamps of Fire, un libro publicado en 1958 por Joan Mascaró, profesor de sánscrito de la Universidad de Cambridge, nacido en Mallorca. Otra spanish connection.

Por aquel entonces, habiendo desaparecido la presión de las actuaciones en directo, George dedica más tiempo y energías a la composición. Así, a la vuelta de la India, los cuatro Beatles se reúnen en casa de George en Esher y graban versiones acústicas de canciones compuestas en Rishikesh. Son las conocidas como cintas Esher.

Harrison presenta a sus compañeros While my guitar gently weeps, Piggies, Not Guilty, Circles y Sour Milk Sea. En fin, luego llegaron algunos otros trabajos para el Disco Blanco, pero ya sabemos la suerte que corrieron algunos de estos temas: Una mejorada Not Guilty aparece en su álbum “George Harrison” en 1979, una década larga más tarde. Sour Milk Sea acabó siendo un regalo para Jackie Lomax, amigo de los tiempos de Liverpool que la graba en Junio de 1968. Circles no ve la luz hasta el álbum de GeorgeGone Troppo” de 1982.

Hubo otras canciones rechazadas de Lennon y McCartney como Jubilee (después Junk) o Child of Nature (después Jealous Guy) pero el prurito de George, lógicamente, colisionaba con frustración, una y otra vez, con el mismo muro. Imagínense por un momento un álbum con todos los temas citados de George, a los que habría que añadir, Long, Long, Long y Savoy Truffle: El Disco Blanco de Harrison,…menuda joya.


¿Y George Harrison..?

domingo, 20 de octubre de 2013

TODAY OLD LENNON. TOMORROW NEW MCCARTNEY

Me acabo de comprar NEW de Paul McCartney en el FNAC. Mi primera idea, incluso antes de haberlo comprado, era hacer una crítica musical en este espacio. 

Para ello me había mentalizado de forma concienzuda repitiéndome la consigna de que la mejor forma de hacer una valoración musical del NEW era partiendo de cero, desaprendiendo que su autor fue el mismo que también compuso Penny Lane. Olvidando por completo que otrora fue uno de los Beatles
Esta me parecía sin duda alguna la actitud más adecuada para acometer la audición de NEW: No compararlo con nada.

El caso es que el proyecto del post ha ido por otro camino no previsto. En ese proceso de des-aprendizaje, de deconstrucción de mi memoria musical, como la tortilla de patata de Ferrán Adría, he desandado algunas estaciones, pasando por los Beatles antes de Revolver, hasta llegar a lo OLD de John Lennon. Y me he parado en It´s only love...no se por qué. Supongo que rememorando las alusiones de Swann a su escala cromática descendente.

Finalmente me he pasado la tarde tocando esta canción. Y sobre NEW de Paul McCartney...prefiero que ustedes saquen sus propias conclusiones.











domingo, 13 de octubre de 2013

Matemática Beatle...¿Por qué no?

Cuando estaba en primer curso de carrera tuve un profesor de filosofía, el desbordante Víctor Gómez Pin, que siempre empezaba las clases igual: Nos pedía que le formuláramos una pregunta, cualquiera, de orden filosófico. No importaba el asunto, ni la referencia histórica, ni el nivel meta-teórico. Cualquier pregunta. Como ya estábamos acostumbrados a esta gimnasia intelectual nos esforzábamos en proponer la cuestión más retorcida posible, pero no importaba. Gómez Pin en su respuesta siempre diseñaba un discurso perfectamente coherente que indefectiblemente le llevaba al punto exacto del programa de la asignatura donde lo había dejado el último día de clase. La razón para que esta aventura le saliera bien cada día es que, según decía y quedaba perfectamente demostrado, en el conocimiento de la cosas TODO  está relacionado con TODO. Algo parecido a lo que ocurre con las personas en virtud de la teoría Six Degrees  formulada por Karinthy según la cual CUALQUIER persona del mundo está relacionada con CUALQUIER otra persona del mundo.

Esta misma sensación de que hubiera dado exactamente igual el punto de partida, la excusa, porque al final el destino iba a ser ineludiblemente el mismo, - revolver los Beatles, amasarlos, diseccionarlos, experimentarlos,- es la que he tenido después de leer el ensayo de Jordi CorominasMatemática Beatle: Los enlaces en las canciones de los Beatles”.  A pesar de su disuasivo título para los que somos de letras, Matemática beatle es un estupendo ensayo. La hipótesis de partida sostiene algo que siempre nos ha resultado una obviedad para el caso del Sgt. Pepper: Nos referimos a su unidad conceptual literaria, musical y estética en general. El insólito reto de la obra, sin embargo, consiste en defender este planteamiento para cada uno de los álbumes de los Beatles posteriores a Revolver. De hecho Revolver, en el estricto sentido que describe Corminas, no compartiría esta característica de la perfecta unidad de estructura musical por el hecho de separar cada tema por tres segundos de silencio. Nosotros  perdonaríamos este obstáculo porque estoy seguro de que nuestro amigo es capaz de encontrar infinidad de relaciones posibles en los temas de Revolver. Y lo podría hacer porque, en la inmensidad de datos que maneja,  tampoco los Beatles se escapan al principio básico de la filosofía de que TODO está relacionado con TODO. Como sugería Gabriel Marcel, la obra musical es una “presencia”, no un “objeto”. Y esta presencia solo se manifiesta cuando estamos a la escucha, abiertos a lo que pueda pasar. Y con los Beatles, pasan muchas, muchas cosas.

Corominas empieza a escuchar a los Beatles en CD, lo que flagrantemente delata su pertenencia a otra generación de oyentes Beatles, pero es sin duda alumno aventajadísimo. De hecho la lectura de Matematica Beatle no es para todos los públicos ya que contiene innumerables referencias implícitas que solo lectores muy versados en los Fab Four van a entender.

En su línea argumental Corominas apunta la importancia del orden de las canciones para conseguir esa unidad conceptual que va desgranado de forma exhaustiva desde Revolver hasta Abbey Road, la mejor despedida posible en la historia de la música, en palabras de Corominas y en la mente de todos.

El libro está prolijamente documentado hasta el punto que el autor ha recopilado información en las propias localizaciones donde se conocieron, donde se inspiraron,  o desde donde los Beatles observaban el mundo.
En resumen, si no escribiera este blog, Matemática Beatle es el libro que me hubiera gustado saber escribir,…aunque seguramente con otro título.






sábado, 5 de octubre de 2013

Y los sueños, sueños son,...qué pena

Hace décadas que se me repite un sueño cada cierto tiempo y es, junto a volar y las experiencias eróticas, el momento más grandioso que me sobreviene en mi muy previsible existencia. El sueño es siempre más o menos igual: aparezco en un escenario tocando al piano Lady Madonna. Considerando que no se tocar el piano, podemos concluir que de las tres experiencias citadas (a. Interpretar Lady Madonna ante miles de espectadores, b. Volar, no sin cierta dificultad ya que debo tomar mucha carrerilla a gran velocidad para iniciar el despegue, y c. los momentos eróticos), dos son imposibles, salvo en sueños.
En todo caso su nitidez es de tal intensidad que, al despertar, debo comprobar en un piano que atesoro testimonialmente que sigo sin saber tocar nada con él,…y mucho menos Lady Madonna. Ni contemplo la posibilidad de comprobar que, efectivamente, tampoco se volar.

Con Paul McCartney, sin embargo, el inconsciente fue increíblemente más generoso. Una noche soñó Yesterday, y tuvo la sensación al despertar que ya había oído antes esa canción. Es la razón por la que este tema le estuvo rondando en su cabeza desde el otoño de 1963 hasta que decidió grabarla, y solo después de que opiniones expertas como la cantante Alma Cogan o el compositor teatral Lionel Bart le confirmaran que nunca habían oído esa canción.

Paul no fue el único. Salvando las distancias, al menos históricas, Wagner aseguraba que le vino en sueños la introducción orquestal de El Oro del Rhin, concretamente en Mi bemol mayor (¿también el tono?). Y, en fin, Oliver Sacks, en su obra “Musicofilia” nos recuerda que muchos de los grandes compositores clásicos hablaban de sueños musicales y a menudo encontraban en ellos la inspiración.


Si es cierto eso de que en ocasiones los sueños se convierten en realidad, yo preferiría saber tocar el piano antes que volar. Aunque mi repertorio solo fuera Lady Madonna.






domingo, 29 de septiembre de 2013

Otra lista más no por favor, Rolling Stone

Cuando después de intensas y laboriosas reflexiones llegué a la conclusión y propuse al mundo con indisimulado entusiasmo que el mejor disco de los Beatles es siempre el último que escuchas, aparece el último número de Rolling Stone con la lista de las 50 mejores canciones de los Beatles. Empresa inútil para otro falso debate. Casi la reviso con pereza.

Nosotros ya hicimos una propuesta razonable con las 10 mejores canciones del grupo. Inevitables los consensos y disensos para acotar la excelencia de la excelencia. Incluso nos sacamos de la manga un disco recopilatorio inexistente pero necesario que bautizamos como el Disco Naranja. Contenía todas esas joyas normalmente escondidas de los Beatles que nunca fueron número 1 pero están en el Olimpo de nuestra experiencia estética. Sin eludir ningún tema, por espinoso que resulte, hasta debatimos las llamadas a ser las peores canciones de los Beatles.

En fin, uno acaba por acariciar la idea de Diego A. Manrique que en este mismo numero de la revista que nos ocupa propone que en algún momento "habría que establecer una moratoria: Prohibir los Beatles, desterrarles de los medios durante equis años". Algo así, diría yo, como una parada biológica.

La lista es previsible. Previsiblemente discutible también, claro. Pero no merece la pena. ¿Para qué?. Son 50 indiscutibles magníficas canciones. Y he aquí la paradoja. Una lista discutible con canciones indiscutibles. Son los Beatles. El mejor grupo del mundo.

P.D. Menos mal que aparece Hey bulldog. ¿De que otra forma podríamos pasar por alto que no estén I follow the sun,  And your Bird Can Sing, Old Brown Shoe, I will, ...etc, etc, etc.? Me salen otras 50.




martes, 3 de septiembre de 2013

Fauna y flora del fin de semana perdido: amistades peligrosas

Retomo el último comentario de Fer de la entrada anterior para intentar explicar, probablemente sin éxito, algo más acerca de la personalidad de John Lennon a la luz del citado “fin de semana perdido” que, en todo caso, no va a pasar de meras conjeturas.

Las personas no somos monocromáticas. Cada individuo se comporta de modo diferente en función del “escenario de conducta” y con quién se relacione. Esta es la razón por la que ante determinados individuos tenemos la sensación de ser mejores personas (como Jack Nicholson ante su enamorada Helen Hunt en “Mejor, imposible”). Aunque también los hay que hacen más salientes nuestros peores defectos. Nuestra personalidad es, en definitiva, poliédrica. Este último efecto en virtud del cual sale lo peor de nosotros en contacto con ciertas personas ha sido acuñado en el ámbito de la inteligencia emocional con el nombre de “personas tóxicas”. John Lennon se cruzó con algunas en el lost weekend. Y no fueron precisamente ni la fagocitadora Yoko Ono, ni mucho menos sus otras dos “madres”, Cynthia o May, quienes dibujaban el “espejo” más destructor de John
Yoko, a fin de cuentas, a pesar de tener al mejor músico del siglo XX recluido en el Dakota, hizo revivir su lado más paternal y hogareño, y dejo de ser una esponja de whisky para centrarse en la educación de su hijo. Para llegar a esta conclusión no me hago eco de las declaraciones de biógrafos, periodistas, examantes o colegas de pubs nocturnos. Me vale el testimonio Rosaura López, la asistenta que estuvo en su casa desde 1976 a 1980. Ella y Aurelia García, asistenta de Ringo Starr, ambas gallegas, creo que son las mejores fuentes de información... En serio.

Aclarado este punto,- y siguiendo algunos personajes citados en el  artículo de Julián Ruiz al que me refiero en mi entrada anterior,- nos encontramos con una de esas personas verdaderamente tóxicas. Me refiero a  un viejo conocido nuestro: el productor Phil Spector que durante el fin de semana perdido trabajó con Lennon en el álbum de versiones “Rock & Roll”. Se trata de un personaje (Spector, con nombre de villano cinematográfico)  con evidentes problemas mentales que no me consta que fuera diagnosticado por ningún especialista a pesar de su evidente personalidad psicopática. Ya mencionamos en otra ocasión que solía presentarse con pistola en los estudios. Con ella llegó a amenazar a John en una ocasión, a lo que este respondió muy alterado: "Dispara, dispárame, pero no me dejes sordo, por favor, que es de lo que vivo".

Otro poco edificante personaje tóxico, y no solo en el plano psicológico, fue Harry Nilsson, un alcohólico a quien John pudo incomprensiblemente producir un álbum, cuando, entre patéticas borracheras, sus fuerzas les permitían sostener una guitarra.  El escenario de las inspiraciones etílicas fue una casa en Santa Mónica alquilada de nuevo por May Pang por la que también pasaron Ringo Starr, Keith Moon, Stevie Wonder, y el propio Paul McCartney cuya visita, a los mandos de la batería, o el piano, según se terciara, no duró demasiado. Digamos que el ambiente no reunía la seriedad con la que Paul se ha tomado siempre el trabajo de hacer música. Tiene, en todo caso, la importantísima relevancia histórica de que fue la última vez que tocan John y Paul en un estudio y, además, tuvo el efecto colateral de que proporcionó la suficiente claridad a John para darse cuenta que Nilsson estaba destruyendo su vida. De alguna forma, parece que echó de menos los tiempos con Paul McCartney.


Foto de John & Paul en la casa de Santa Mónica (1974)


En esta tesitura es cuando John graba uno de sus mejores álbumes “Walls & Bridges” en el que colabora Elton John. Elton  le apuesta a Lennon que el tema Whatever gets you through the night llegaría a número uno, como así ocurre. Como resultado del desafío Lennon actúa junto a Elton John en el Madison Square Garden. Un fantástico concierto en el que interpretan juntos Whetever gets you through tonight, Lucy in the sky with diamonds y I saw her standing there, una canción que John, quizás recordando aquellos extraños días pasados en Santa Mónica, presenta como compuesta por un extraño novio suyo llamado Paul. Esta presentación siempre se ha interpretado como un sarcasmo, pero creo que después de la experiencia con el destructivo Harry Nilsson, John le echaba realmente de menos a Paul McCartney. De ahí sus esporádicos amigables encuentros posteriores en New York hasta que a John le incomodó que Paul se presentara siempre sin avisar.


Después de aquel concierto con Elton, John Lennon vuelve con Yoko, vuelve al Dakota, vuelve a “desaparecer” hasta que pergeña su último álbum...una obra maestra. Y ya conocen el resto de la historia.


Concierto de Elton John Lennon en el Madison

sábado, 31 de agosto de 2013

Fauna y flora del fin de semana perdido: Las madres de John Lennon

En alguna ocasión anterior hemos hablado de lo que Lennon denominó su “lost weekend”. Un fin de semana perdido para referirse a los 18 meses más brillantes y a la vez más fallidos; más libres, pero también más sometidos (por el alcohol y la cocaína) de la novelesca biografía de John Lennon. Son 18 meses a caballo entre 1973 y 1974 bastante documentados en la bibliografía sobre el personaje, pero es el artículo del periodista Julián Ruiz  "Cuando Lennon fue malo y libre" donde encontramos un mayor esfuerzo de síntesis. El reto es admirable ya que se trata de un periodo en la trayectoria vital de Lennon que cualquier mortal necesitaría varías vidas para siquiera emular vagamente un conjunto de vicisitudes que, en el caso de Lennon, claramente tiende a infinito. Desde mi punto de vista, y en medio de la maraña de incidencias, creo que deberíamos destacar algunos personajes femeninos.

En primer lugar a May Pang, la mujer con quien compartió ese aparente fin de semana perdido tras su primera separación de Yoko Ono. Primera parada: Los Ángeles, donde John para solucionar sus problemas de liquidez, y de la mano de May, vende a Ringo la casa donde grabó Imagine además de solicitar un adelanto de royalties a Capitol Records. La relación con May Pang es difícilmente clasificable. De alguna forma es consentida por Yoko y está bendecida por Cynthia con quien comparte salidas a Dysney acompañadas ambas de Julian. También con Cynthia, John y May comparten salidas nocturnas y, según el relato de Julian Ruiz,  van al club Trobadour, en Santa Mónica Boulevard donde John, cómo no, bebe exageradamente. Llega a ponerse un tampón como corona en la cabeza. La camarera se niega a servirle más alcohol a lo que John replica que “no sabe quién es él”. La camarera dice que sí, "un gillipollas con un tampax en la cabeza". En ese momento, sin duda, la mejor respuesta posible.

Desde el discreto encanto burgués de Cyinthia, pasando por la devoradora fagocitación de Yoko, hasta la bondadosa conformidad de May Pang, existe un denominador común en las tres que, sin caer en la psicología de sobremesa, podríamos decir que son las diferentes maternales caras  que John brama en su bello tema “Mother” (Madre, tu me tuviste, pero yo nunca te tuve), musita con nostalgia en "Julia" o con tristeza en "My Mummy´s dead". En ellos encontramos a un Lennon casi siempre dependiente. Como lo fue del alcohol en el lost weekend.


Próxima entrega: Fauna y flora del fin de semana perdido: Amistades peligrosas.


John & May