sábado, 23 de febrero de 2013

Los Beatles en Ukelele


Hawai-Bombay son dos paraísos que a veces yo me monto en mi piso como particular homenaje mensual, o así, a George Harrison. Hacen referencia a dos regiones situadas en las coordenadas espirituales del hombre invisible de los Beatles. Su conexión con la India es sobradamente conocida y tiene su referencia instrumental en el sitar que George aprendió a tocar de la mano del recientemente fallecido Ravi Shankar. Y en Maui, una de las islas Hawai donde George tenía una de sus residencias favoritas, es donde se sumergió para siempre en las amigables aguas estéticas del ukelele

Este instrumento de cuatro cuerdas descendiente directo del cavaquinho portugués siempre me había pasado desapercibido, pero decidí aprender a tocarlo después de escucharle a Paul McCartney su versión de Something con ukelele en el concierto homenaje a George. En las indagaciones para su adquisición descubrí que era mucho más que su apariencia de guitarra de juguete y la primera decisión que uno debe tomar es si quiere un ukelele soprano, concierto, tenor o barítono. En todo caso, estando  familiarizado con la guitarra, los primeros escarceos son bastante fáciles.

George Harrison acabó siendo un maestro indiscutible de la guitarra slide con un estilo muy reconocible, y creo que dicho estilo tiene, precisamente, la inconfundible influencia de la guitarra con pedal hawaiana. Pero es, definitivamente, el ukelele el instrumento que tengo íntimamente asociado a George. Sobre todo sentado en la hierba con Paul y Ringo tocando Ain't she sweet.
Por eso, para todos aquellos que queráis versionar a los Beatles con el ukelele esta es vuestra referencia indispensable: PINCHAR AQUI
Aloha.



George con su inseparable Ukelele

domingo, 17 de febrero de 2013

7 libras y 10 chelines

De los cuatro Beatles es John Lennon del que creo saber menos. Me refiero desde un punto de vista psicológico. Conocer a alguien significa que, ante una situación dada, se puede hacer una predicción acertada de cómo va a reaccionar. Es la sensación que tengo con Paul, George y, por supuesto, Ringo

Pero John Lennon es bastante imprevisible y cuando acabas conociendo a alguien lo suficiente como para poder saber con certeza que no puedes predecir su respuesta, solo puedes concluir que en realidad no sabes nada de ese tipo. El psicólogo americano Arthur Janov del que John fue paciente, fiel al secreto profesional, jamás desveló ninguna clave para poder desenredar la madeja de una personalidad compleja, contradictoria y de gran sensibilidad.

Con el fin de encontrar algunas respuestas al enigma me acabo de comprar el libro editado por Hunter Davies titulado "Las cartas de John Lennon". Como ya sabéis se trata de una compilación de cientos de cartas manuscritas por John que, para entender la dimensión del volumen epistolar, debemos recordar que murió sin conocer el correo electrónico. Quiero decir con esto que, como señala Davis, la reacción inmediata de John Lennon ante la mayoría de las emociones era escribir.
Sospecho que no hay mejor forma de descerrajar, por fin, su perfil psicológico.

Como suelo hacer cuando me compro un libro, lo primero que hice con este fue leerme la última página mientras recordaba que este mes se cumplen 50 años de la grabación de Please Please Me . Por aquel trabajo cada uno de los cuatro de Liverpool cobró 7 libras y 10 chelines. A pesar de ser una cantidad ridícula, parece que John hacía tiempo que sabía el camino que le tenía reservado el destino.
En la última página del libro de Davies hay una nota de John escrita cuando tenía 8 años. La inmortalizó en un libro de autógrafos de celebridades que coleccionaba su primo Stanley. La nota decía "By Hook or by Crook, I´ll be last in this book", algo así como, por las buenas o por las malas, seré el último en firmar este libro.





sábado, 9 de febrero de 2013

Beatles en solitario: The short and winding road

Short, salvo en el caso de Paul, que parece empeñarse en sacar un álbum al año, sea cual fuere el resultado final.
Y es que siguiendo con la petición de los inescrutables caminos de Swann a la banda de corazones solitarios sobre el mejor disco de los Beatles por separado, he recordado esta mañana un viejo número de la revista Rolling Stones que aborda el particular en un artículo de Josu Lapresa que, salvo, algunas diferencias de orden, casi firmaría yo también. Esta es su valoración:

Paul McCartney:
- Obra Maestra: McCartney (1970). Con la a mi juicio insuperable Maybe I'm Amazed.
- Los mejores discos: Ram, Band on the Run, Tug of War, Chaos and Creation in the Backyard.
- Ni lo intentes: McCartney II.

John Lennon:
- Obra maestra: John Lennon/Plastic Ono Band (1970).
- Los mejores discos: Walls and Bridges, Double Fantasy.
- Solo para fans: Imagine.
- Ni lo intentes: Some in New York City.

George Harrison:
- Obra maestra: All things must Pass (1970).
- Los mejores discos: 33 & 1/3, Cloud Nine, Live in Japan.
- Solo para Fans: Wonderwall Music.
- Mantente alejado: Dark Horse.

Ringo Starr:
- Obra maestra:  Ringo (1973).
- Los mejores discos: Beaucoup of Blues, Goodnight Viena, Liverpool 8.
- Solo para Fans: Sentimental Journey.

CONCLUSIÓN PERSONAL
Como ya apunté en alguna ocasión, salvo Ringo que va a su aire y que en el fondo tiene la carrera más "regular"  en cuanto a calidad de los cuatro (en sus discos los buenos no son tan buenos, pero los malos no son tan malos), tanto Paul, como John y George, se  valoran (y muchos de nosotros también) como "obra maestra" tres discos editados en 1970. Que me aspen si muchas de estas canciones (prácticamente todo el disco en el caso de All things must Pass) estaban ya en la cabeza de Paul, John y George cuando todavía no estaban separados. Dicho de otra forma: En McCartney, Plastic Ono Band y All Things Must Pass podemos escuchar las canciones que hubieran formado parte de los siguientes discos de los Beatles si no se hubieran separado. Los verdaderos discos "en solitario" en el fondo del asunto, vinieron después.



sábado, 2 de febrero de 2013

La Dobro: El ave Fenix de las guitarras


Hubo un tiempo, cuando todavía no se había inventado la guitarra eléctrica, en el que la acústica en el contexto de una banda o pequeña orquesta, debía competir con otros instrumentos como los teclados, bajo, percusión, etc..lo que dejaba a este instrumento de cuerda en serias dificultades para “hacerse oír”.

La solución llegó en 1925 de la mano de John Dopyra que fundó junto con sus hermanos una fábrica, la Dopyra Brothers, para fabricar en serie la guitarra marca Dobro (abreviatura del nombre de la propia empresa Do-Bros). En realidad se trata de la guitarra denominada resonadora o resofónica, aunque todo el mundo se suele referir a ella por el nombre de la marca; vaya,... como el Pan Bimbo.
La clave consiste en un disco metálico sobre la caja que provoca una resonancia peculiar y, en todo caso, confiere una mayor intensidad sónica al rasgado de cuerdas. Existen variantes en función de la forma del mástil  redondo, como una guitarra convencional, o cuadrado, para apoyarla sobre las piernas con el fin de tocarla como una  slide guitar o bottleneck guitar.

Obviamente era una guitarra condenada a la extinción una vez hizo su aparición la eléctrica amplificada, pero ese peculiar sonido producido por el artilugio da como resultado un nuevo concepto musical muy del gusto de los intérpretes del blues. Por esta razón, además de la vuelta de lo vintage y que guitarristas como Mark Knopfler la han mantenido en el candelero (¿o era candelabro? / una foto de este tipo de guitarra con caja metálica es la portada de Brothers in arms), la guitarra Dobro nunca muere o, en todo caso, resucita cada vez que pierde vigencia.

Para mí, mucho antes de estos vaivenes de fluctuante popularidad, la guitarra Dobro siempre fue objeto de deseo desde que la descubrí flirteando con John Lennon o en los brazos de George Harrison interpretando Crippled Inside en el disco de aquel.

Algún día serás mía...



John con una Dobro, de caja de madera, en ristre

De Madrid al cielo

Hasta el 3 de marzo de 2013, la Fundación Carlos de Amberes, alberga la extraordinaria e irrepetible colección de recuerdos de los Beatles de Carlos D. Chardí.  Pasa por la colección privada más importante de Europa dedicada a los Beatles, pero yo creo que no hay en el mundo nada parecido a lo que Carlos posee.

Ya tuve la oportunidad de ver parte de la misma en una ocasión en Valencia y solo por estar a un metro de la primera guitarra de George Harrison, mereció la pena. No soy muy fetichista,...pero era la primera guitarra de George. Emocionante.

Como complemento a la exposición hay programadas dos actuaciones de grupos tributo. Esta noche actúan nuestros queridos Blisters y el próximo sábado 9 de febrero es el turno de la Flaming Pie Band, un grupo que tuve oportunidad de degustar en Almería, ciudad cantera de numerosos grupos tributo a los Beatles y que, en el caso de los Flaming, a pesar de tocar varios palos, no ocultan su tendencia macca.

Si vas a Madrid, ya sabes, de ahí al cielo.


Primera guitarra de George Harrison