domingo, 28 de abril de 2013

Porqué somos increíbles y el orden “natural” de las canciones


El otro día en un programa de la televisión anunciado como “un concurso de personas sorprendentes que hacen cosas increíbles” se presentó un individuo que, con solo dos segundos de audición, podía reconocer hasta 200 bandas sonoras de películas de cine. Sorprendente, sin duda, pero tengo la convicción de que cualquiera de los asiduos comentaristas de este blog atesoramos la misma inútil virtud con el catálogo oficial de canciones de los Beatles que, casualmente, son también poco más de 200.


Es más, lo podemos mejorar. Porque a nosotros nos bastarían dos segundos de audición, pero del corte anterior al tema que debemos adivinar. Esta capacidad de predicción es fruto de haber escuchado los vinilos de los Beatles cientos de veces a lo largo de nuestra vida hasta dejar cual tabula rasa los microsurcos de algunos de ellos. Ahora tengo un ipod dedicado en exclusiva a su discografía completa y como el orden de audición es intencionadamente aleatorio, mi cerebro se descoloca una y otra vez a causa de la impronta indeleble de aquellas décadas sujeto al orden impuesto por los vinilos.

Quizás si tuviéramos que poner por escrito el orden de las canciones de un determinado álbum cometeríamos errores. Pero si empezamos a oírlo por la primera canción, nos bastaría el silencioso lapso entre corte y corte para adivinar el siguiente tema, y así, sucesivamente, hasta finalizar el disco. No me equivoco, ¿no?..y es que somos increíbles porque nuestro cerebro es increíble.


Al menos así lo cree mi colega, el profesor Josef Rauschecker, del departamento de Neurociencia de la prestigiosa Georgetown University Medical Center. Al profesor Rauschecker, también le sorprendió esa memoria predictiva del cerebro y, de hecho, en sus interesantes trabajos de investigación sobre actividad cerebral y música cita a Rubber Soul, Revolver y The White Album como sus discos favoritos (en fin, somos almas gemelas). Sorprendentemente, descubrió que las regiones cerebrales involucradas en esa memoria predictiva entre corte y corte del vinilo no eran las de la escucha, sino las del control motriz. La explicación que ofrece es que, aunque hay áreas del cerebro que se activan con la audición de música, son las del sistema motriz las que establecen un orden, una secuencia de lo que escuchamos. Las mismas que se ponen en marcha cuando aprendemos, por ejemplo, un baile.

Es esta la razón en virtud de la cual nuestro cerebro se revuelve ahora si no le ofrece While my guitar gently weeps, después del último ¡haaio! de The continuing story of Bungalow Bill, o solo tenga verdadero sentido para nuestro cerebro escuchar A day in the life si antes le hemos dado su dosis de Sgt. Pepper (reprise).





video
    Las notas que nos vienen a la cabeza con el último acorde de "The Long and Winding Road"
                                                  Filmed by Noa San Juan

domingo, 7 de abril de 2013

While my guitar gently weeps...y no es la canción.

Hay personas que cuando tienen un conflicto con la ley dicen que van a recurrir a "sus abogados". Otras, cuando el conflicto es consigo mismo, aluden a "su psiquiatra". Los recursos y las maneras para amortiguar las vicisitudes de la vida son muy diversos. 

Yo, por ejemplo, tengo a "mi Luthier" Sergio CallejoY es que, en lo que a mí concierne, debo amortiguar el conflicto del sueño imposible e inviable de pujar en cada una de las exposiciones del mundo donde se exhibe simultáneamente "la primera guitarra de George Harrison". Es en esos momentos cuando me asalta la necesidad de realizar ajustes a mis guitarras, como cuando confié a Sergio la puesta a punto de mi guitarra acústica Alhambra W-1 para evadirme del delete que pulsé en la noticia sobre la subasta de una guitarra eléctrica que fue usada por George Harrison y John Lennon en torno a 1967.



Vox del 1967 subastada

Se trata de una Vox que en todos los medios de comunicación es anunciada como la que usa John en la grabación del vídeo "Hello, Goodbye". Sin embargo, lo que John sostiene realmente en este vídeo es una guitarra acústica, no una eléctrica, y mucho menos la Vox en cuestión. Pero a quién le importa este pequeño detalle; seguro que pasó por sus manos en algún momento.

El año pasado también apareció la noticia de que Paul McCartney donó "su" bajo Höfner 500/1. Obviamente, no era "su" bajo, sino alguno de "sus" múltiples Höfner... pero, eso sí, era de Paul. El Höfner 500/1 de 1963 es un bajo alemán más ligero y fácil de tocar que el modelo al que imita, el EB-1 de Gibson (1953) de caja maciza (mal negocio para Gibson). En todo caso, muy probablemente hubiera pasado sin pena ni gloria por la historia de la música pop si no fuera porque era el bajo que tenía Stuart Sutcliffe, y que, por inercia, asume Paul McCartney tras la muerte de aquél. Esta es la razón fundamental por la que ahora este bajo eléctrico, ampliamente superado por otras marcas, resulta tan caro..., incluso sin haber pertenecido a Paul.


Bajo Höfner 500/1


Como es sabido, ya en Revolver, McCartney se pasa al bajo Rickenbacker 4001, usando el Höfner solo para vídeos, fotos promocionales y grabaciones esporádicas, como es el caso del tema "My Brave Face" en el que tocó el Höfner por explícita petición de su amigo Elvis Costello.

Pero hay más cambios en Revolver. John Lennon cuelga su Rickenbacker 325 para pasarse a la elegante Epiphone Casino; guitarra que ya se había comprado Paul para hacer algunas intervenciones, como el solo de "Ticket to Ride".


Epiphone Casino que John toca en el "vídeo de la azotea"
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Más difícil es que veamos el rastro en alguna subasta de la Gretsch Duo Jet del 57 con la que identificamos la imagen de George Harrison. Una belleza a la que nada envidia mi fabulosa Gretsch Country Classic modelo 1964 que adquirí gracias a mi primo Eneko. Una guitarra hermana de otra muy usada por George, la Gretsch 6122 Country Gentleman. Un día de estos os tocaré alguna estrofa para que apreciéis su paradisíaco sonido.


Detalle de mi fabulosa Gretsch

Además de las Gretsch, hay otras dos joyas de Harrison difíciles de olvidar. Se trata, por un lado, de la Rickenbaker 360/12, una guitarra eléctrica de 12 cuerdas..., quién pudiera tocar este maravilloso ingenio. Y, por otro, la guitarra española clásica Ramírez que le oímos puntear a George en "And I love her". Esta guitarra se la regaló Klaus Voormann, el bajista amigo de toda la vida, desde Hamburgo, del grupo y autor de la premiada portada del álbum Revolver. Klaus la compró en Madrid después de unas vacaciones con su familia en Tenerife, sabedor de la admiración que sentía George por el guitarrista español Andrés Segovia.

Seguro que el Luthier de Dhani Harrison  mantiene esta Ramirez de 1960 como se merece, mientras mi guitarra llora suavemente.



Rickenbacker de 12 cuerdas