domingo, 29 de septiembre de 2013

Otra lista más no por favor, Rolling Stone

Cuando después de intensas y laboriosas reflexiones llegué a la conclusión y propuse al mundo con indisimulado entusiasmo que el mejor disco de los Beatles es siempre el último que escuchas, aparece el último número de Rolling Stone con la lista de las 50 mejores canciones de los Beatles. Empresa inútil para otro falso debate. Casi la reviso con pereza.

Nosotros ya hicimos una propuesta razonable con las 10 mejores canciones del grupo. Inevitables los consensos y disensos para acotar la excelencia de la excelencia. Incluso nos sacamos de la manga un disco recopilatorio inexistente pero necesario que bautizamos como el Disco Naranja. Contenía todas esas joyas normalmente escondidas de los Beatles que nunca fueron número 1 pero están en el Olimpo de nuestra experiencia estética. Sin eludir ningún tema, por espinoso que resulte, hasta debatimos las llamadas a ser las peores canciones de los Beatles.

En fin, uno acaba por acariciar la idea de Diego A. Manrique que en este mismo numero de la revista que nos ocupa propone que en algún momento "habría que establecer una moratoria: Prohibir los Beatles, desterrarles de los medios durante equis años". Algo así, diría yo, como una parada biológica.

La lista es previsible. Previsiblemente discutible también, claro. Pero no merece la pena. ¿Para qué?. Son 50 indiscutibles magníficas canciones. Y he aquí la paradoja. Una lista discutible con canciones indiscutibles. Son los Beatles. El mejor grupo del mundo.

P.D. Menos mal que aparece Hey bulldog. ¿De que otra forma podríamos pasar por alto que no estén I follow the sun,  And your Bird Can Sing, Old Brown Shoe, I will, ...etc, etc, etc.? Me salen otras 50.




martes, 3 de septiembre de 2013

Fauna y flora del fin de semana perdido: amistades peligrosas

Retomo el último comentario de Fer de la entrada anterior para intentar explicar, probablemente sin éxito, algo más acerca de la personalidad de John Lennon a la luz del citado “fin de semana perdido” que, en todo caso, no va a pasar de meras conjeturas.

Las personas no somos monocromáticas. Cada individuo se comporta de modo diferente en función del “escenario de conducta” y con quién se relacione. Esta es la razón por la que ante determinados individuos tenemos la sensación de ser mejores personas (como Jack Nicholson ante su enamorada Helen Hunt en “Mejor, imposible”). Aunque también los hay que hacen más salientes nuestros peores defectos. Nuestra personalidad es, en definitiva, poliédrica. Este último efecto en virtud del cual sale lo peor de nosotros en contacto con ciertas personas ha sido acuñado en el ámbito de la inteligencia emocional con el nombre de “personas tóxicas”. John Lennon se cruzó con algunas en el lost weekend. Y no fueron precisamente ni la fagocitadora Yoko Ono, ni mucho menos sus otras dos “madres”, Cynthia o May, quienes dibujaban el “espejo” más destructor de John
Yoko, a fin de cuentas, a pesar de tener al mejor músico del siglo XX recluido en el Dakota, hizo revivir su lado más paternal y hogareño, y dejo de ser una esponja de whisky para centrarse en la educación de su hijo. Para llegar a esta conclusión no me hago eco de las declaraciones de biógrafos, periodistas, examantes o colegas de pubs nocturnos. Me vale el testimonio Rosaura López, la asistenta que estuvo en su casa desde 1976 a 1980. Ella y Aurelia García, asistenta de Ringo Starr, ambas gallegas, creo que son las mejores fuentes de información... En serio.

Aclarado este punto,- y siguiendo algunos personajes citados en el  artículo de Julián Ruiz al que me refiero en mi entrada anterior,- nos encontramos con una de esas personas verdaderamente tóxicas. Me refiero a  un viejo conocido nuestro: el productor Phil Spector que durante el fin de semana perdido trabajó con Lennon en el álbum de versiones “Rock & Roll”. Se trata de un personaje (Spector, con nombre de villano cinematográfico)  con evidentes problemas mentales que no me consta que fuera diagnosticado por ningún especialista a pesar de su evidente personalidad psicopática. Ya mencionamos en otra ocasión que solía presentarse con pistola en los estudios. Con ella llegó a amenazar a John en una ocasión, a lo que este respondió muy alterado: "Dispara, dispárame, pero no me dejes sordo, por favor, que es de lo que vivo".

Otro poco edificante personaje tóxico, y no solo en el plano psicológico, fue Harry Nilsson, un alcohólico a quien John pudo incomprensiblemente producir un álbum, cuando, entre patéticas borracheras, sus fuerzas les permitían sostener una guitarra.  El escenario de las inspiraciones etílicas fue una casa en Santa Mónica alquilada de nuevo por May Pang por la que también pasaron Ringo Starr, Keith Moon, Stevie Wonder, y el propio Paul McCartney cuya visita, a los mandos de la batería, o el piano, según se terciara, no duró demasiado. Digamos que el ambiente no reunía la seriedad con la que Paul se ha tomado siempre el trabajo de hacer música. Tiene, en todo caso, la importantísima relevancia histórica de que fue la última vez que tocan John y Paul en un estudio y, además, tuvo el efecto colateral de que proporcionó la suficiente claridad a John para darse cuenta que Nilsson estaba destruyendo su vida. De alguna forma, parece que echó de menos los tiempos con Paul McCartney.


Foto de John & Paul en la casa de Santa Mónica (1974)


En esta tesitura es cuando John graba uno de sus mejores álbumes “Walls & Bridges” en el que colabora Elton John. Elton  le apuesta a Lennon que el tema Whatever gets you through the night llegaría a número uno, como así ocurre. Como resultado del desafío Lennon actúa junto a Elton John en el Madison Square Garden. Un fantástico concierto en el que interpretan juntos Whetever gets you through tonight, Lucy in the sky with diamonds y I saw her standing there, una canción que John, quizás recordando aquellos extraños días pasados en Santa Mónica, presenta como compuesta por un extraño novio suyo llamado Paul. Esta presentación siempre se ha interpretado como un sarcasmo, pero creo que después de la experiencia con el destructivo Harry Nilsson, John le echaba realmente de menos a Paul McCartney. De ahí sus esporádicos amigables encuentros posteriores en New York hasta que a John le incomodó que Paul se presentara siempre sin avisar.


Después de aquel concierto con Elton, John Lennon vuelve con Yoko, vuelve al Dakota, vuelve a “desaparecer” hasta que pergeña su último álbum...una obra maestra. Y ya conocen el resto de la historia.


Concierto de Elton John Lennon en el Madison