sábado, 26 de octubre de 2013

El Disco Blanco de George Harrison

Harto de quedarme cada Domingo sin el CD de los Beatles que venden con EL PAIS porque nunca llego a tiempo, hoy he probado a ir la víspera. Quizás resulte difícil de entender para personas ajenas a este tinglado que teniendo ya TODO lo de este grupo y en todos los formatos, uno pueda llegar a fantasear con la posibilidad de asaltar el furgón de los periódicos para hacerse con el botín. En realidad no ha sido necesario. Efectivamente, el quiosquero no ha entendido lo que solo pretendía ser una ironía cuando le he indicado que esta vez esperaba haber llegado a tiempo con 24 horas de antelación toda vez que, para mi sorpresa, el CD del Domingo ya lo tenían el sábado por la mañana.

Bien, es muy simple, estos CD´s los quiero para el coche, el reproductor de MP4 es para cuando voy andando al trabajo, el CD doméstico es para ponerlos mientras plancho o toco con ellos y los vinilos son para cuando estudio. No para cuando estudio otra cosa, sino para cuando les estudio a ellos. Es una afición surgida a raíz de la lectura de las memorias del ingeniero de sonido Geoff Emerick y sus indicaciones sobre los sonidos ocultos de las grabaciones en vinilo.

El caso es que este Domingo tocaba el Disco Blanco, lo que me ha llevado a reflexionar una vez más sobre el viaje a la India y sobre el papel de George Harrison en el grupo. Es mientras su estancia en este país que sale al mercado el sencillo Lady Madonna, en cuya cara B se encontraba “The Inner Light”, la primera aparición de George en este formato.  Como nos recuerda Swann el punto de partida de esta composición es un verso del poema Tao Te Ching según aparece traducido al inglés en Lamps of Fire, un libro publicado en 1958 por Joan Mascaró, profesor de sánscrito de la Universidad de Cambridge, nacido en Mallorca. Otra spanish connection.

Por aquel entonces, habiendo desaparecido la presión de las actuaciones en directo, George dedica más tiempo y energías a la composición. Así, a la vuelta de la India, los cuatro Beatles se reúnen en casa de George en Esher y graban versiones acústicas de canciones compuestas en Rishikesh. Son las conocidas como cintas Esher.

Harrison presenta a sus compañeros While my guitar gently weeps, Piggies, Not Guilty, Circles y Sour Milk Sea. En fin, luego llegaron algunos otros trabajos para el Disco Blanco, pero ya sabemos la suerte que corrieron algunos de estos temas: Una mejorada Not Guilty aparece en su álbum “George Harrison” en 1979, una década larga más tarde. Sour Milk Sea acabó siendo un regalo para Jackie Lomax, amigo de los tiempos de Liverpool que la graba en Junio de 1968. Circles no ve la luz hasta el álbum de GeorgeGone Troppo” de 1982.

Hubo otras canciones rechazadas de Lennon y McCartney como Jubilee (después Junk) o Child of Nature (después Jealous Guy) pero el prurito de George, lógicamente, colisionaba con frustración, una y otra vez, con el mismo muro. Imagínense por un momento un álbum con todos los temas citados de George, a los que habría que añadir, Long, Long, Long y Savoy Truffle: El Disco Blanco de Harrison,…menuda joya.


¿Y George Harrison..?

domingo, 20 de octubre de 2013

TODAY OLD LENNON. TOMORROW NEW MCCARTNEY

Me acabo de comprar NEW de Paul McCartney en el FNAC. Mi primera idea, incluso antes de haberlo comprado, era hacer una crítica musical en este espacio. 

Para ello me había mentalizado de forma concienzuda repitiéndome la consigna de que la mejor forma de hacer una valoración musical del NEW era partiendo de cero, desaprendiendo que su autor fue el mismo que también compuso Penny Lane. Olvidando por completo que otrora fue uno de los Beatles
Esta me parecía sin duda alguna la actitud más adecuada para acometer la audición de NEW: No compararlo con nada.

El caso es que el proyecto del post ha ido por otro camino no previsto. En ese proceso de des-aprendizaje, de deconstrucción de mi memoria musical, como la tortilla de patata de Ferrán Adría, he desandado algunas estaciones, pasando por los Beatles antes de Revolver, hasta llegar a lo OLD de John Lennon. Y me he parado en It´s only love...no se por qué. Supongo que rememorando las alusiones de Swann a su escala cromática descendente.

Finalmente me he pasado la tarde tocando esta canción. Y sobre NEW de Paul McCartney...prefiero que ustedes saquen sus propias conclusiones.











domingo, 13 de octubre de 2013

Matemática Beatle...¿Por qué no?

Cuando estaba en primer curso de carrera tuve un profesor de filosofía, el desbordante Víctor Gómez Pin, que siempre empezaba las clases igual: Nos pedía que le formuláramos una pregunta, cualquiera, de orden filosófico. No importaba el asunto, ni la referencia histórica, ni el nivel meta-teórico. Cualquier pregunta. Como ya estábamos acostumbrados a esta gimnasia intelectual nos esforzábamos en proponer la cuestión más retorcida posible, pero no importaba. Gómez Pin en su respuesta siempre diseñaba un discurso perfectamente coherente que indefectiblemente le llevaba al punto exacto del programa de la asignatura donde lo había dejado el último día de clase. La razón para que esta aventura le saliera bien cada día es que, según decía y quedaba perfectamente demostrado, en el conocimiento de la cosas TODO  está relacionado con TODO. Algo parecido a lo que ocurre con las personas en virtud de la teoría Six Degrees  formulada por Karinthy según la cual CUALQUIER persona del mundo está relacionada con CUALQUIER otra persona del mundo.

Esta misma sensación de que hubiera dado exactamente igual el punto de partida, la excusa, porque al final el destino iba a ser ineludiblemente el mismo, - revolver los Beatles, amasarlos, diseccionarlos, experimentarlos,- es la que he tenido después de leer el ensayo de Jordi CorominasMatemática Beatle: Los enlaces en las canciones de los Beatles”.  A pesar de su disuasivo título para los que somos de letras, Matemática beatle es un estupendo ensayo. La hipótesis de partida sostiene algo que siempre nos ha resultado una obviedad para el caso del Sgt. Pepper: Nos referimos a su unidad conceptual literaria, musical y estética en general. El insólito reto de la obra, sin embargo, consiste en defender este planteamiento para cada uno de los álbumes de los Beatles posteriores a Revolver. De hecho Revolver, en el estricto sentido que describe Corminas, no compartiría esta característica de la perfecta unidad de estructura musical por el hecho de separar cada tema por tres segundos de silencio. Nosotros  perdonaríamos este obstáculo porque estoy seguro de que nuestro amigo es capaz de encontrar infinidad de relaciones posibles en los temas de Revolver. Y lo podría hacer porque, en la inmensidad de datos que maneja,  tampoco los Beatles se escapan al principio básico de la filosofía de que TODO está relacionado con TODO. Como sugería Gabriel Marcel, la obra musical es una “presencia”, no un “objeto”. Y esta presencia solo se manifiesta cuando estamos a la escucha, abiertos a lo que pueda pasar. Y con los Beatles, pasan muchas, muchas cosas.

Corominas empieza a escuchar a los Beatles en CD, lo que flagrantemente delata su pertenencia a otra generación de oyentes Beatles, pero es sin duda alumno aventajadísimo. De hecho la lectura de Matematica Beatle no es para todos los públicos ya que contiene innumerables referencias implícitas que solo lectores muy versados en los Fab Four van a entender.

En su línea argumental Corominas apunta la importancia del orden de las canciones para conseguir esa unidad conceptual que va desgranado de forma exhaustiva desde Revolver hasta Abbey Road, la mejor despedida posible en la historia de la música, en palabras de Corominas y en la mente de todos.

El libro está prolijamente documentado hasta el punto que el autor ha recopilado información en las propias localizaciones donde se conocieron, donde se inspiraron,  o desde donde los Beatles observaban el mundo.
En resumen, si no escribiera este blog, Matemática Beatle es el libro que me hubiera gustado saber escribir,…aunque seguramente con otro título.






sábado, 5 de octubre de 2013

Y los sueños, sueños son,...qué pena

Hace décadas que se me repite un sueño cada cierto tiempo y es, junto a volar y las experiencias eróticas, el momento más grandioso que me sobreviene en mi muy previsible existencia. El sueño es siempre más o menos igual: aparezco en un escenario tocando al piano Lady Madonna. Considerando que no se tocar el piano, podemos concluir que de las tres experiencias citadas (a. Interpretar Lady Madonna ante miles de espectadores, b. Volar, no sin cierta dificultad ya que debo tomar mucha carrerilla a gran velocidad para iniciar el despegue, y c. los momentos eróticos), dos son imposibles, salvo en sueños.
En todo caso su nitidez es de tal intensidad que, al despertar, debo comprobar en un piano que atesoro testimonialmente que sigo sin saber tocar nada con él,…y mucho menos Lady Madonna. Ni contemplo la posibilidad de comprobar que, efectivamente, tampoco se volar.

Con Paul McCartney, sin embargo, el inconsciente fue increíblemente más generoso. Una noche soñó Yesterday, y tuvo la sensación al despertar que ya había oído antes esa canción. Es la razón por la que este tema le estuvo rondando en su cabeza desde el otoño de 1963 hasta que decidió grabarla, y solo después de que opiniones expertas como la cantante Alma Cogan o el compositor teatral Lionel Bart le confirmaran que nunca habían oído esa canción.

Paul no fue el único. Salvando las distancias, al menos históricas, Wagner aseguraba que le vino en sueños la introducción orquestal de El Oro del Rhin, concretamente en Mi bemol mayor (¿también el tono?). Y, en fin, Oliver Sacks, en su obra “Musicofilia” nos recuerda que muchos de los grandes compositores clásicos hablaban de sueños musicales y a menudo encontraban en ellos la inspiración.


Si es cierto eso de que en ocasiones los sueños se convierten en realidad, yo preferiría saber tocar el piano antes que volar. Aunque mi repertorio solo fuera Lady Madonna.