sábado, 21 de diciembre de 2013

Música y reorganización cerebral (I): El "efecto McCartney".

Soy una de esas personas que cree que la música tiene un enorme poder. Carlos Santana también ha defendido en diversas ocasiones que la música es un arma muy eficaz para, en alguna medida, poder cambiar el mundo. Como dijo un poeta cuyo nombre no puedo acordarme, “llega más adentro que las balas y no mata a nadie”.

Sin duda ese cambio a escala global solo será posible a través de pequeños pasos locales, aparentemente banales. Como esa historia que relata la película “La Misión” que comienza junto a las cataratas del Iguazú donde el misionero jesuita el padre Gabriel (Jeremy Irons) se adentra en la selva llevando consigo únicamente dos cosas: Una Biblia y un oboe. En su primer contacto con los indios guaraníes,- y para evitar ser flecheado,- entre ambos enseres prefiere recurrir al Oboe.



Y es que la música es única entre todas las artes en el sentido de que puede ser completamente abstracta y profundamente emocional. La experimentas, y ya no existe. No tiene la capacidad de representar nada en concreto pero sí la tiene para expresar sensaciones y sentimientos.


En este nivel, de orden más intrapsíquico, también me apasionan los estudios sobre música y arquitectura cerebral. Existe evidencia empírica que demuestra que los niños que empiezan a tocar un instrumento, comparados con los que no reciben entrenamiento musical, tienen mejores rendimientos en tareas de control fino y un mayor volumen de materia gris tanto en la corteza sensorio motora como en el lóbulo occipital bilateral. Con esta literatura entre manos es difícil no recordar el llamado “Efecto Mozart” que, en todo caso, cuando mi hija era solo un embrión, yo transformé en el “Efecto McCartney”. Y que si les parece oportuno, lo explicaré muy pronto.





6 comentarios:

  1. En esta entrada dejas con la miel en los labios. Este tema me apasiona, y estoy deseando leer la continuación.

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    1. Lo se. Gracias Swann. De hecho te estaba esperando.

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  2. Tema francamente interesante. Pero sigo sin entender ciertas cosas, como porqué mi volumen de materia gris es menor aunque yo sea muy fino en mis tareas. Bromas aparte, no sé si existe algún estudio sobre la relación que puede haber entre un mayor desarrollo cerebral en artistas en general y músicos en particular con respecto a otros ámbitos. Me explico: ¿permiten las artes un mayor crecimiento cerebral que otras disciplinas "no artísticas"?

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    1. Como principio general te diría que "somos" nuestro cerebro. Desde esta perspectiva es lógico pensar que cualquier entrenamiento habitual que practique el "moldeable" cerebro de un niño va a repercutir en su arquitectura cerebral. El margen de reorganización son los planos estructurales "de serie" de dicha arquitectura. Mira, por ejemplo también se ha encontrado que los músicos profesionales tienen un cerebelo más grande que aquellos que no lo son. Pero esto solo ocurre en los hombres. No hay diferencias significativas en el tamaño del cerebelo entre las mujeres músico y aquellas que no lo son. Y esto es debido al hecho de que las mujeres, de por sí, tienen el cerebelo más grande que los hombres y podría existir un "efecto techo". En todo caso, no deja de ser curioso que para que un hombre alcance el tamaño del cerebelo de una mujer tenga que dedicarse de forma intensiva a la música. Pero volviendo a tu pregunta, como decía, el entrenamiento habitual de niños en una actividad que "obligue" al cerebro a involucrarse con cierta intensidad, como puede ser el uso del ábaco (que ahora se está extendiendo como actividad extra-escolar), jugar al ajedrez u otras actividades más físicas pero que requieren una gran concentración, coordinación psic-omotriz y reflejos (patinaje artístico, esgrima,..) va a repercutir en la potenciación de áreas cerebrales específicas.

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    2. Gracias por la explicación profesor. Como siempre habla usted como un libro abierto.

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    3. Son muchos quinquenios querido amigo. Gracias a ti.

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