martes, 24 de diciembre de 2013

Música y reorganización cerebral (II): Back to the future 2014

El “efecto Mozart”, o cualquiera otra que sea la música que usemos para estimular a un humano nonato, se basa en un principio que resulta ciertamente sorprendente: La única vía de comunicación con el exterior que tiene un feto es su sentido del oído. Como la Naturaleza es sabia, ya en el quinto mes de gestación, empieza a reaccionar a los estímulos sonoros, aunque es lógicamente en los primeros meses de vida cuando se consolidan todas las prestaciones del oído. 

Este sentido ha tenido una función imprescindible de supervivencia en nuestra especie. Al igual que otros mamíferos, el oído nos ha servido durante miles de años para cazar y evitar ser cazados. Lo maravillosamente increíble de este sentido es que, en nuestra especie, desempeña una función adicional única en el reino animal. Y es increíble porque desde un punto de vista de supervivencia evolutiva no sirve absolutamente para nada. Su único propósito es la comunicación de emociones y la gratificación cerebral. Nuestra especie podría haber sobrevivido sin esta competencia, pero ya no seríamos seres humanos, seríamos otra cosa. Me refiero, lógicamente, a la música.

En este sentido, la música de Mozart siempre se ha considerado especialmente propicia para estimular las conexiones neuronales del bebé y en las tiendas pre-mamá es habitual encontrar cedés de este gigante de la música clásica específicamente dirigidos a nuestra embrionaria audiencia. No obstante, un estudio realizado por la Universidad de Viena sostiene que es falso que potencie la inteligencia, aunque sí existen indicios de que mejora la concentración y estimula algunas áreas del cerebro relacionadas con la creatividad como ya explicamos en la entrada anterior.
Concentración?,…Creatividad?,….de acuerdo, me vale.

Así que cuando mi hija tenía momentos de agitación en el vientre de su madre, decidí apoyar suavemente la caja de mi guitarra acústica en la tripa de ésta y tocar una canción de Paul McCartney: I Will. La canción que, por otra parte, en los primeros años de su vida, resultó ser su relajante nana preferida. Este bienaventurado recurso lo denominé “efecto McCartney”.
La elección no fue difícil porque, …de qué otra forma se puede expresar con sólo dos palabras lo que básicamente representa un embrión, esto es, el FUTURO. I Will. …Además, de qué otra forma se puede expresar con más diáfana simpleza lo que inspira un hijo. Love you forever and forever, love you with all my heart.


Paul con su hija Mary en la portada de McCartney


Y, por fin, en las fechas que estamos, de qué otra forma se puede resumir con más firmeza que, en el 2014, la felicidad no debe ser un anhelado destino sino una actitud. 
Efectivamente: I WILL!!

En la próxima entrega, como no podía ser de otra forma, y si se superan los problemas técnicos:
I Will:...The cover.


El que firma con mi hija



2 comentarios:

  1. Ya lo comenté en tu entrada sobre I WILL, querido amigo Swann que está canción la llevo unida al acontecimiento más importante de mi vida. Esta era la razón.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Pues te agradezco inmensamente, César, el emocionante relato de esa razón. En este caso además de resultar ilustrativo, como siempre, has contado una historia preciosa. Un abrazo y feliz Navidad.

      Eliminar