viernes, 26 de diciembre de 2014

Paul McCartney, George Gershwin & JFK

Para los que somos seguidores de los Beatles resultaría fácil responder a la pregunta acerca de qué tienen en común George Gershwin, John F. Kennedy y Paul McCartney sin tan siquiera recurrir a la teoría de los seis grados de Karinthy.

Los primeros dan nombre a sendos galardones que premian la cultura popular americana y que, paradójicamente,  fueron concedidos al músico británico en diferentes momentos del año 2010.  Como dijo el presidente Obama en la gala del premio Gershwin, “Sí, Paul, nosotros te robamos”. Una frase que parecía un guiño agradecido a su actual esposa, la norteamericana, Nancy Shevell.

Paul McCartney reconocía en una entrevista que si de niño, y echado sobre la alfombra del salón de su casa escuchando a su padre tocar al piano piezas de George Gershwin, le hubieran dicho que algún día ganaría un premio con su nombre, sencillamente no lo hubiera creído.

En cuanto al Kennedy Center Honors, en realidad Paul fue seleccionado como homenajeado en 2002, para otorgárselo el año siguiente. Lamentablemente McCartney declinó el reconocimiento debido a una "obligación personal ineludible". La obligación fue la boda de un primo suyo que había sido planeada meses antes de la invitación. En agosto de 2003 el comité del Centro Kennedy, visiblemente airado, emitió un comunicado de una frase en la que proclamaba que Paul McCartney no iba a recibir un Kennedy Center Honor ese año “ni ningún otro” (el entrecomillado es mío, pero el tono era ese). Años más tarde, pelillos a la mar que llegaron desde el río Potomac en cuya orilla se alza el Centro John F. Kennedy donde Paul recibió el más alto honor que concede el Gobierno de Estados Unidos por su contribución a la cultura estadounidense. 

En ambos conciertos de homenaje a Paul McCartney y a los Beatles, por extensión, hay muy buenas actuaciones intercaladas con otras, a mi juicio, prescindibles. En el celebrado en la Casa Blanca con motivo del premio Gershwin me parece absolutamente genial la versión jazzística de Blackbird a cargo de Herbie Hancock & Corinne Bailey Rae y se me saltan las lágrimas, literalmente, cuando otro británico, Elvis Costello, interpreta Penny Lane. También actúa el propio Paul McCartney con su eficaz grupo habitual  comandado por RustyAnderson y Brian Ray.

En el concierto del Kennedy Center, repite Dave Grohl (Foo Fighters), fan confeso de los Beatles, que interpreta junto a Nora Jones Maybe I´m Amazed. En todo caso, una de las partes más divertidas la protagoniza Steven Tyler, líder y vocalista de Aerosmith que interpreta el medley entero de Abbey Road.

En fin, que cada uno juzgue el resto. Los enlaces están servidos. A mi juicio, en conjunto, merecen mucho la pena para una tarde de relax en casa estas navidades.


Costello en el concierto de la Casa Blanca

lunes, 22 de diciembre de 2014

Revolver los Beatles con Joe Cocker, in memoriam

Aquellos que se han aventurado alguna vez a versionar a los Beatles, normalmente, han sido despedazados sin piedad en las discusiones de este blog. Sin embargo, siempre resulta, no solo indemne, sino apabullantemente victoriosa la versión de With a Little help of my friends de Joe Cocker. La primera vez que escuché a este cantante de color (de color blanco, pero voz negra) fue siendo adolescente en la película del concierto del Festival de Woodstock. Ese concierto en el que no tocaron los mismísimos Beatles debido al empeño de John Lennon en que tocara la  Yoko Ono's Plastic Band, que finalmente fueron rechazados por los organizadores.

La impronta de su sello ha calado tan hondo en este tema que hoy día se pueden escuchar interpretaciones de algunos artistas versionando a Joe Cocker, versionando a los Beatles. Como en el último concierto de Billy Joel  en el Madison Square Garden donde le rindió tributo al cantante de Sheffield.

No era la primera vez que Joe Cocker versionaba a los Beatles: Ya lo había probado con I´ll Cry Instead. Ni fue en Woodstock la última, ya que después vendría She came in through the bathroom window. Realmente, lo que creo es que Joe Cocker convertía en oro todo lo que se apropiaba como podemos comprobar en Heart and Soul, un álbum de versiones de clásicos del soul, blues y rock.


En este blog sugería que el tema de Paul, Queenie Eye, tenía entre sus fuentes de inspiración a Summer in the City escrita por John Sebastian, Mark Sebastian y Steve Boone, otro tema inmortalizado por Joe Cocker, el inmortal.


Joe Cocker en Woodstock


domingo, 21 de diciembre de 2014

Reyes Magos, Paul is dead y otras leyendas urbanas

En ocasiones las leyendas urbanas han dado lugar a descubrimientos colaterales bastante interesantes. Visitar la Catedral de Colonia es, en sí mismo, el premio a la curiosidad despertada por el relicario de los Tres Reyes Magos en el que, según la leyenda (urbana), se encuentran los huesos de estos enigmáticos y fascinantes personajes bíblicos. Se trata de un sarcófago impresionante por su tamaño y profusa decoración ubicado detrás del altar mayor de esta catedral alemana.
Nada que ver con la chica de la autopista o los cocodrilos en el alcantarillado de New York sin demasiado recorrido histórico-estético.

Otro ejemplo interesante es el supuesto fallecimiento de Paul McCartney en accidente de tráfico. Según la disparatada fuente a la que se acuda también se pueden encontrar versiones en las que Paul realmente no muere, pero debido a que el rostro le queda completamente desfigurado se recluye en su casa de Escocia mientras que un doble graba sus compromisos promocionales. Uno de los más “conocidos” sustitutos fue William Campbell al que John Lennon haría referencia en The continuing story of Bungalo Bill (diminutivo de William) en el estribillo, Hey, Bungalow Bill What did you kill, Bungalow Bill?. Los supuestos indicios encriptados que anunciaron la muerte de Paul son de sobra conocidos así que no los relataremos de nuevo en este espacio.

Pero creo que sí merece la pena recordar a otro de los supuestos dobles de Paul McCartney. Nos referimos a Terry Draper. Reclutado por su macarniana voz, fue el percusionista de la banda canadiense Klaatu, en activo desde finales de los setenta a principios de los ochenta. El sonido de esta formación estaba claramente influenciado por los Beatles. Este hecho unido a la nula información que se ofreció del grupo en el lanzamiento de su primer álbum hizo correr rápidamente el rumor de que se trataba de un proyecto de los propios Beatles bajo otra identidad. Pero esto es otra leyenda urbana. Quizás la canción más conocida de este grupo fue "Calling Occupants of Interplanetary Crafts",  gracias a la versión hecha por los Carpenters en 1977.

Estas cosas se me han ocurrido escuchando lo último de Paul McCartney, Hope for the future. Parece ser tan solo un recuerdo en ese holograma propio de las personas ya fallecidas, como Superman (Christopher  Reeve) cuando ve el mensaje de su padre (Marlon Brando). Y parece que Paul ya no existe en este tema que no es sino una recopilación de pequeños retales ya compuestos por el mismo “en vida”. Recursos armónicos ya usados antes en otros temas.


Sí, en ocasiones, veo muertos.


Paul is dead

lunes, 8 de diciembre de 2014

Mark David Chapman: breve perfil criminológico

Ya nos hemos referido en este blog a las circunstancias que rodearon el asesinato de John Lennon. Se han vertido aquí, desde la pasión por el artista, algunos improperios hacia su asesino. De hecho, en una reciente entrevista a Paul McCartney se refería a él como un "gilipollas" (es una traducción, ignoro la versión original). Pero  la descalificación no es un diagnóstico.

Mark David Chapman era hijo de un maltratador. Tenía miedo a su padre. Agredía físicamente a su madre y, con casi total certeza, al propio Chapman. A los catorce años, acosado por sus compañeros de colegio, consumía, entre otras drogas, cocaína, LSD y heroína. Sufrió depresiones siendo adolescente y con 22 años se intentó suicidar conectando con una manguera de aspiradora el tubo de escape de su coche con el interior del vehículo. Su intento fracasó ya que la manguera se derritió rápidamente. No hace falta ser psicólogo para entender que son suficientes estos datos en la biografía de un individuo para predecir una patología con una significativa relevancia clínica. El hecho de que Chapman se casara con una japonesa puede ser un indicio de la identificación con el personaje, muy propia de los acosadores de celebridades, de forma que asesinando a Lennon expiaría sus propios demonios internos. Esta obsesión, muchas veces delirante, unida a las alucinaciones auditivas que confiesa en sus declaraciones nos indica, sin apenas margen de duda, que Chapman padecía una esquizofrenia de tipo paranoide.

Cuando se comete un crimen en el contexto de una patología psiquiátrica es lógico que en el proceso judicial se plantee una discusión forense sobre el grado de imputabilidad del acusado. Pero Chapman, en contra del criterio de su abogado, admitió su culpabilidad y se negó a hacer ninguna valoración pericial sobre su estado mental. En el año 2000, cuando ya llevaba 20 años en prisión, tenía derecho a la libertad vigilada pero, basándose en las declaraciones que realizó al tribunal correspondiente, fue denegada. Su posible esquizofrenia paranoide jamás ha sido tratada ya que el no lo ha consentido. 

Lo que realmente me inquieta misteriosamente es otra cosa. Cuando Lennon autografió el álbum de Chapman le preguntó: ¿Es esto todo lo que quieres?.



Foto de Paul Goresh




sábado, 29 de noviembre de 2014

George Harrison in memoriam

Sospecho que si los Beatles no hubieran existido, yo sería otra persona diferente. Convivir durante décadas con tantas maravillosas experiencias musicales ha tenido que repercutir de una u otra forma en mi relación con el mundo. Y esta reflexión la hago sin tan siquiera computar los extraordinarios efectos colaterales de cruzarse en el camino de los Lennon Almería Forever, los Blisters, Octopus´s Garden, la Taberna del piano o, ni qué decir tiene, mis inefables primos PPK, Swann y Fer.

En relación a los Beatles por separado no puedo ocultar la fascinación personal que me suscita George Harrison quizás debido a mi natural inclinación por prestar más atención a las personas que pasan aparentemente desapercibidas. Quizás forme parte de esa desviación profesional que hace que los psicólogos seamos fácilmente identificables en un espectáculo. Miramos al público en lugar de al espectáculo.

Hoy es el aniversario de la muerte del “hombre invisible” y al revisar el concierto que le tributaron sus amigos me pregunto, una vez más, por las razones que le llevaron a Joe Brown a cerrar el concierto con I´ll see you in my dreams. Quizás solo fuera porque George Harrison también iluminó en alguna noche solitaria el camino de Brown.

Desde aquí, mi humilde tributo agradecido a George Harrison, mi profesor de ukelele.

I am not me. I am just a dream. Singing for George. Somewhere in the sky.
César San Juan





miércoles, 5 de noviembre de 2014

Tres preguntas absolutamente intrascendentes sobre los Beatles

Cada día veo en las redes una media docena de fotos que no había visto nunca de los Beatles. En un año pueden rondar las 2000 fotos nuevas. En 10 años de carrera se pudieron hacer,... 20.000 fotos?. ¿Cuándo componían?.

Un recurso muy socorrido cuando alguien no tiene ni idea de percusión es criticar las aptitudes de Ringo y bendecir su suerte por aterrizar en el mejor grupo del mundo. Sin embargo, Ringo hace que las canciones de los Beatles puedan reconocerse escuchando solo la pista de la batería. Esto se debe al hecho de que inventaba un recurso para cada canción. Un sentido del tempo impecable desarrollado, según él, porque era zurdo y tocaba la batería para diestros.  ¿Pero no era Paul el único zurdo de los Beatles?.

El concierto de la azotea fue el 30 de enero de 1969. El 8 de agosto de ese mismo año posaron para la sesión de fotos destinadas al album Everest, que finalmente se llamó Abbey Road. ¿Cómo le creció la barba tanto a John Lennon?

Como las preguntas son intrascendentes,...¿qué importan las respuestas?


sábado, 1 de noviembre de 2014

Yo estuve en la Caverna amigo: Una historia beatle (II)

Después de mi West End Story me di cuenta que, en ocasiones, pueden suceder cosas extraordinarias. 

Como la historia de alguien que conocí por pura casualidad.

E.C. está ahora jubilado después de haber pasado algunas décadas montando cocinas en San Sebastián. Pero en los albores de los 60 cantaba en uno de los mejores grupos de rock de la apabullante cantera gipuzkoana. Un día cualquiera de aquellos trepidantes años, después de reunir una sustanciosa cantidad de beneficios gracias a unas providenciales manos al póker en el casino de Biarritz, se fue con su grupo a intentar tocar algo a la entonces “Meca del rock”; The Cavern Club de Liverpool. Cuando entraron a preguntar por el gerente estaba ensayando un grupo que los recibió con entusiasmo. De hecho, como el bajista del grupo de E.C estaba bastante perjudicado físicamente por razones que ahora no vienen al caso, al subir al escenario les acompañó el propio bajista del grupo local para tocar unos temas. Allí nadie conocía a nadie, y la comunicación fue un poco fallida ya que ninguno de los componentes del grupo guipuzcoano sabía inglés y, ni que decir tiene, nadie de aquel grupo británico hablaba una palabra de castellano. Pero el rock & roll no entiende de estas limitaciones, hubo química, y la despedida fue cordial, aunque jamás volvieron a tener contacto. Uno de esos temas interpretados al alimón fue Popotitos ("Popotitos no es un primor, pero baila que da pavor...") del grupo mexicano los Teen Tops aunque quizás nos resulte más familiar la versión de Miguel Rios.

Aquel bajista que podía tocar todo lo que le echara el grupo irunés, Popotitos incluido, era Paul McCartney, mientras los otros tres beatles, aplaudían.



Paul McCartney  en The Cavern

sábado, 18 de octubre de 2014

Comarca del Bidasoa: La Liverpool de Gipuzkoa

Bidasoa. Dícese de la comarca guipuzcoana fronteriza con Francia. Más o menos.

Cuando en 1960 todavía nadie había oído hablar de los Beatles Juan Ignacio de Lucas formó parte de Los Bitters un grupo pionero de la interminable lista de grupos de rock que estuvieron en activo durante la década de los 60 en este pequeño rincón del mundo. Aunque resulte chocante ahora, hubo una época en la que Irún, la Liverpool de Gipuzkoa, era más conocida por su innumerable lista de grupos de “música moderna” que por sus pintxos y cocina en miniatura. Y para que la memoria colectiva tampoco olvide jamás a sus viejos rockeros, Josema Martínez, con muchos vinilos a sus espaldas, ha organizado la exposición “Rock Bidasoa 1960-1975” en la que se rinde homenaje a una veintena larga de aquellos pioneros de Rock & Roll, con muchos paneles, fotografías y recuerdos de Los Tarántulas, Los Strings, Los Cunix, Los Tercos, Los Ruidos, etc. etc.



Para este escribano hubo tres cosas especialmente emocionantes de la inauguración de esta exposición. Por un lado, el escenario en el que podemos disfrutar de las réplicas de los instrumentos de los Beatles. La Gretsch Country Classic, dos Rickenbacker, una de ellas, de doce cuerdas, la batería y el ínclito bajo Hoffner. 





Además de estos instrumentos había una verdadera colección de joyas (guitarras y bajos de la época) para mi deleite e incontenible envidia.  







Pero lo mejor de todo fue departir con los protagonistas de aquellos grupos, hoy con las nieves del tiempo clareando sus sienes, pero con un espíritu endiabladamente joven. Como Juanjo Legarda (el vivo retrato de George Martin, pero esto ya son cosas mías), guitarrista de los Strings, y que aún hoy sigue componiendo…los viejos rockeros nunca mueren.


sábado, 30 de agosto de 2014

Revolver los Beatles con la genial y maldita dinastía de los Buckley

El sueño es bueno. La muerte es mejor. Pero lo mejor de todo sería no haber nacido

La cita es de aquel “compañero de pupitre caído” que me propuso A hard day’s night como el mejor disco de los Beatles. Una triste sentencia que forma parte de una historia triste. Se trata de la que nos cuenta mi buen amigo Gabriel Villota en su novela “Destellos en el agua”. Las conmovedoras pinceladas que dibujan a Marco, nuestro compañero de clase, un guitarrista excepcional para la edad que teníamos en los 70, están entrelazadas con las biografías de Tim y Jeff Buckley. Todos ellos parecían estar ausentándose de sus mundos, como huyendo de algo, de alguien, quizás de sí mismos. Hasta encontrar en la muerte prematura una especie de liberación.

Tim Buckley (1947-1975) fue un músico estadounidense de rock vanguardista extraordinariamente ecléctico y con una gran voz. Murió de una sobredosis de heroína y alcohol. En junio de 1967 grabó su segundo álbum Goodbye and Hello para el que es fotografiado en Central Park por Linda Eastman, mientras casualmente, en el mismo año, el futuro marido de la fotógrafa publicaba “Hello, Goodbye”. Uno de los seguidores de Tim Buckley era el mismísimo George Harrison, quien ese mismo año de 1967 se lo recomendó vivamente a Brian Epstain. Lamentablemente, Brian, como es sabido, perdería la vida poco después por una sobredosis de somníferos. Pasaron muchas cosas en ese 1967.

Tim tuvo un hijo con Mary Guibert, una mujer gran amante de los Beatles. Jeff Buckley (1966-1997) heredó las portentosas aptitudes de su padre exhibiendo en sus interpretaciones un impresionante registro vocal. Su talento musical se hace patente en el álbum de culto Grace (1994), una obra maestra que siempre ha recibido elogios de Paul McCartney, entre otras grandes figuras. Su versión del Hallelujah de Leonard Cohen probablemente sea lo más conocido de este músico de voz apabullante y gran talento como guitarrista.

Jeff Buckley se lanzó vestido y cantando al rio Wolf (Memphis) a un canal del Mississippi, donde pereció ahogado en una especie de bautismo iniciático que, paradójicamente, le llevó a la muerte. Parece inevitable que su leyenda incorpore especulaciones sobre la posibilidad de que su intención fuera quitarse la vida. Marco la perdió tras una ingesta masiva de su propio antidepresivo. Otra paradoja cruel e irónica,… mientras mi guitarra llora.









domingo, 3 de agosto de 2014

¿Es Blackbird una canción de los Beatles?

No sé por qué motivo, ni sé por qué razón, en ocasiones me obsesiono con una canción. Si me ducho, la tarareo, si quedo con mi guitarra, la toco una y otra vez, y si almuerzo, uso el cuchillo y tenedor cual baquetas para una cover de urgencia.
Los psicólogos lo llaman pensamientos intrusivos. Sin embargo, en esta ocasión el término no sería adecuado porque intrusivo tiene un matiz negativo al denotar que el afectado no desea, o bien desconoce, la presencia del intruso. No es mi caso.  Yo estoy encantado con mis obsesiones musicales y reconozco su presencia. Este mes es Blackbird.

No suelo escribir artículos sobre canciones concretas, salvo raras excepciones (Old Brown Shoe, Her Majesty, Queenie Eye), ya que para eso existe la magna obra de mi colega Swann. Pero quería quitarme esta espina después de que mi querido amigo la despachara en su día con un condescendiente “Blackbird es una canción bonita y evocadora” o con la indulgente valoración “de una ligereza muy agradable”. Bien, vayamos por partes.

En cuanto al significado de la letra, la interpretación que nadie debería cuestionar es la que ofrece el propio autor al describirla como una metáfora de las tensiones raciales en Estados Unidos. Corría el año 1968. Sin embargo, es habitual dar pábulo a cualquier otra versión que avale la supuesta superficialidad de Paul McCartney, como que fue inspirado por el trino de un mirlo en Rishikesh, o que se refería al despertar de John Lennon de sus excursiones a sustancias tóxicas. Si Lennon hubiera dedicado el experimento Revolution 9 a las tensiones raciales de Estados Unidos del 68 ya se habría erigido una estatua conmemorativa en algún parque de Harlem.

En cuanto a la arquitectura de la canción, encierra en su estructura una contradicción vygotskiana subyugante. Y es que, en contraposición a su aparente simplicidad, la melodía se asienta sobre tres compases diferentes, con una mano izquierda revoloteando como un mirlo sobre la guitarra acústica Martin D-28 que acaricia con la nueva técnica finger-picking (aprendida de Donovan, también empleada en Julia y Dear Prudence). Su inspiración en el Bouree in E minor de Bach ya es por todos conocida. Si esta canción hubiera sido incluida en el Sgt, Pepper, como recordaba McCartney en una entrevista, debería llevar “violines y trompetas” pero no sería Blackbird. Su barroca desnudez quedó preservada en el disco blanco, el más ecléctico de la discografía beatle. Por eso suena a los Beatles esta canción de McCartney escrita e interpretada por él solo, como suena a los Beatles la citada Julia, escrita e interpretada por John Lennon.


En fin, llegados a este punto, mostraré mis cartas boca arriba: Blackbird es la más bella canción escrita para guitarra acústica. Y por eso he aquí un homenaje casero, -con mi hija Noa doblando mi voz en el puente de la canción,- para recordar que la lucha contra la xenofobia continúa. 




viernes, 1 de agosto de 2014

La separación en directo: Goodbye Beatles

Creo que necesitaba una lectura más ligera que el sesudo tratado de musicología de Everett. Y, así, por puro esparcimiento, Jesús Pérez García me propuso su obra de teatro “Goodbye Beatles”. Lo único malo de esta experiencia literaria es que me ha durado un suspiro,..algo así como el ala aleve del leve abanico. Hubiera querido que se demorara un poco más esta puesta en escena de la vida “en directo” de los Beatles. Porque fue Paul MacCartney, no Mediaset, el que inventó el programa Gran Hermano con la película Let it Be.

Pero se trata de una obra breve, como la propia historia del grupo. Breve pero intensa. A fin de cuentas eso es lo que relata el autor: los intensos diálogos entre John, Paul, George y Ringo acompañados de los personajes que fueron testigos de sus últimos días. Desde el concierto de la azotea de la Appel Corps, existe algún flashback al bar Indra de Hamburgo, donde los Beatles, con Stu y Pete, comienzan como destajistas  del rock, regalándonos el autor la ironía de una historia que empieza y acaba con sendas intervenciones policiales.

Hemos leído tanto material biográfico sobre este grupo, que todos los seguidores de esta banda hemos construido, casi sin proponérnoslo, un perfil psicológico para cada uno de sus integrantes. Hasta de los secundarios. ¿Quién no reconoce la paciente fidelidad de Mal Evans, o la parsimonia de George Martin?.  Por eso, debido a esta coherencia entre perfil psicológico imaginado y diálogo propuesto, a la altura de la segunda página del libreto, a uno se le olvida por completo que está leyendo una obra teatral, resultando inevitable experimentar la sensación de que pudo ocurrir así. De que realmente ocurrió así.

En el fondo, como dice el autor, es una historia de amor, de amistad, de relaciones en cualquier ámbito, contada a través de un mito contemporáneo, y en la que todos podemos habernos visto identificados en nuestra vida, negándonos a ver lo evidente.


Quien esté libre de identificarse con la historia que tire la primera piedra. Y es que la vida es puro teatro.




martes, 29 de julio de 2014

Volver a empezar: Revolver los Beatles

Confieso que no he muerto. Este blog ya comparte con Paul McCartney la fallida leyenda de una muerte que jamás tuvo lugar. Tardé en darme cuenta, pero fue decisivo el encuentro casual con una persona que no conocía de nada en un concierto dedicado a grandes éxitos de los 60 en la casa de cultura de Loyola (San Sebastián). Se acercó a mi para confesarme, “soy un seguidor de tu blog”. Al otro lado solo imagino a mis primos PPK, Swann, Fer y tal. Pero para alimento de mi indisimulada vanidad, debe haber más por ahí. Hasta 39 si me fijo en la columna de la derecha. Así que, hola a todos de nuevo. Bienvenidos al concierto, gracias por estar ahí. Y yo, a la tecla.

Este bitácora se sustenta en la idea de que, -desde un punto de vista musical-, algo extraordinario ocurrió a partir de Revolver en la ya burbujeante trayectoria de los Beatles. Es una intuición que solo puedo sustentar en experiencias emocionales que trato de expresar torpemente con palabras. Pero esta evolución estética que he glosado sin prisas y con algunas pausas, debía tener una explicación teórica. La teoría musical, las técnicas de composición, los principios de la armonía son cuestiones de las que confieso un analfabetismo total. Solo sé, eso sí, que a partir de Revolver ocurrió algo increíble. Es una cuestión diferente a la ya tratada aquí en varios pasajes relacionada con las aptitudes de los fab four como instrumentistas. Nos estamos refiriendo a la evolución de los Beatles como creadores.

Después de toda una vida buscando respuestas, acabo de adquirir, por impagable recomendación de PPK, la obra que desentraña el misterio. Se trata de la tesis de Walter Everett titulada “Los Beatles como músicos”. La mala noticia es que no entiendo el 80% de lo que pone debido a una exigencia que el mismo autor advierte compasivamente: “Para seguir la mayor parte de la discusión teórica de este libro será esencial contar con dos años de estudios universitarios en teoría de la música, y algunos de los temas abarcados son incluso más especializados”. Esto implica que, en muchos casos, necesito varios días de estudio para entender algunos pasajes, y considerando que estamos hablando de un texto de más de 500 páginas, digamos que ya tengo plan para los próximos años. Para ilustrar de forma más precisa la dificultad a la que aludo citaré las líneas en las que estoy actualmente enfrascado sobre Across the Universe, que no son de las más intrincadas: “Nótese como la melodía flota sin peso, inocente y eterna, descendiendo durante tres compases y luego regresa hacia arriba  a una 7 no resolutiva en A+4 con el sol finalmente resolviendo hacia el fa# en B+7 y el do# hacia el re solo en la coda”.


En todo caso, Everett parte de la misma hipótesis aquí planteada: Revolver fue muy diferente a cualquier otro álbum de rock que lo haya precedido y marca la explosión como creadores de la mejor banda del mundo. Y yo creía que lo sabía todo,…pero no sé nada,…maldito libro.






jueves, 1 de mayo de 2014

Hora del recreo: Please Mr.Postman

La primera pregunta que me hice en la vida, hasta donde logra alcanzar mi memoria, fue,…si Goofy y Pluto son perros, ¿Por qué Goofy puede hablar y Pluto no?. Lo recordé de repente cuando, siglos después de aquel trascendental dilema, le oí a mi hija preguntarse cómo es posible que Bob Esponja vaya a una playa con arena y costa, si la historia transcurre en el fondo del mar. En realidad no tengo respuesta para ninguna de estas dos cuestiones, pero creo que la mayor parte de las veces lo importante es hacerse la pregunta adecuada en cada momento de la vida, sin dar nada por supuesto.

En relación a los Beatles una de las primeras dudas que me rondaron en la cabeza durante años,- muchos años antes de la aparición de Internet,- rezaba: ¿Qué fue primero, La Bamba o Twist and Shout?. No tenía la contundencia filosófica del “Ser o no ser”, ni la relevancia filogenética de “qué fue primero, el huevo o la gallina”. Pero fue en todo caso la inquietante cuestión que en aquel momento necesitaba resolver ya que, como es bien sabido, Twist & Shout y La Bamba son, en realidad, la misma canción.

Lo cierto es que la solución al dilema es inapelable. La Bamba es una canción anónima perteneciente al folclore mexicano, creada probablemente a finales del siglo XVII. Twist and Shout es un tema escrito en 1961 por Phil Medley y Bert Russell. Dilema resuelto.

Como quiera que calzo esta anécdota en cualquier sobremesa que se precie o a quien me la quiera escuchar, ya es absolutamente predecible la inmediata pregunta que con ceño fruncido siempre me replica mi indefinido interlocutor de turno: “Ah, pero Twist & Shout, ¿no es de los Beatles?. Pues no, no es de los Beatles. Pero considerando que la realidad es una percepción social, como si  fuera de los Beatles.

Algo parecido le ocurre al tema Please, Mr Postman del magnífico álbum “With the Beatles”, que tampoco es de los Beatles. Creo que no hay una canción en la historia que me lo haga pasar mejor que este bestial tema de Dobbin, Garrett, Garman y Brianbert de 1961.


Bueno sí. Sí hay algo más divertido que escuchar Mr. Postman. Y consiste en escuchar esta canción con una batería delante. Y pido perdón humildemente a mis amigos, Paco Segui Ferrandis, Hektor Martinez y la joven promesa, Swann´s boy….pero para mi, la batería, aún desde mi torpeza, es solo para jugar. Para jugar al quinto beatle.


                                                            Happiness is a warm drum (listening Please Mr. Postman)