sábado, 1 de noviembre de 2014

Yo estuve en la Caverna amigo: Una historia beatle (II)

Después de mi West End Story me di cuenta que, en ocasiones, pueden suceder cosas extraordinarias. 

Como la historia de alguien que conocí por pura casualidad.

E.C. está ahora jubilado después de haber pasado algunas décadas montando cocinas en San Sebastián. Pero en los albores de los 60 cantaba en uno de los mejores grupos de rock de la apabullante cantera gipuzkoana. Un día cualquiera de aquellos trepidantes años, después de reunir una sustanciosa cantidad de beneficios gracias a unas providenciales manos al póker en el casino de Biarritz, se fue con su grupo a intentar tocar algo a la entonces “Meca del rock”; The Cavern Club de Liverpool. Cuando entraron a preguntar por el gerente estaba ensayando un grupo que los recibió con entusiasmo. De hecho, como el bajista del grupo de E.C estaba bastante perjudicado físicamente por razones que ahora no vienen al caso, al subir al escenario les acompañó el propio bajista del grupo local para tocar unos temas. Allí nadie conocía a nadie, y la comunicación fue un poco fallida ya que ninguno de los componentes del grupo guipuzcoano sabía inglés y, ni que decir tiene, nadie de aquel grupo británico hablaba una palabra de castellano. Pero el rock & roll no entiende de estas limitaciones, hubo química, y la despedida fue cordial, aunque jamás volvieron a tener contacto. Uno de esos temas interpretados al alimón fue Popotitos ("Popotitos no es un primor, pero baila que da pavor...") del grupo mexicano los Teen Tops aunque quizás nos resulte más familiar la versión de Miguel Rios.

Aquel bajista que podía tocar todo lo que le echara el grupo irunés, Popotitos incluido, era Paul McCartney, mientras los otros tres beatles, aplaudían.



Paul McCartney  en The Cavern

2 comentarios:

  1. Suena a leyenda...no? Me cuesta creerlo, pero me encantaría. Se me ha venido a la mente una maravillosa película de Fernán Gómez, "El viaje a ninguna parte". Me entiendes, verdad?

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    1. Ya. Entiendo. Pero era tan prolijo en los detalles... Yo quiero soñar. Y me gusta pensar que a veces la realidad imita a la literatura, como la naturaleza imita al arte.

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